REFLEXIONES CONSTITUCIONALES
El campo mexicano debe ser atendido
Alfredo Ríos Camarena
Mientras las revistas especializadas que periódicamente dan a conocer las grandes fortunas mundiales en las que aparecen cada día más los multimillonarios mexicanos y en algunas ocasiones hasta delincuentes como el Chapo Guzmán, reflejando la enorme concentración de la riqueza en nuestro país, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, esta semana informó respecto a las estadísticas de la pobreza que aumentó de 52.8 millones a 53.3 millones de la población. En este espectro se encuentran 11.5 millones de mexicanos en pobreza extrema; es decir, en los límites del hambre, y otro porcentaje muy alto de 40.7 millones, cuyo ingreso está debajo de la línea de bienestar; sólo quedan fuera de la pobreza y de la vulnerabilidad 19.7% de la población; es decir, 23.2 millones.
Estas estadísticas reflejan, sin duda alguna, el fracaso del modelo económico del monetarismo neoliberal pues las crisis recurrentes de carácter financiero a las que se atribuye este crecimiento de la pobreza están vinculadas a los fracasos financieros recurrentes que se han producido con motivo del modelo neoliberal que ha hundido a la humanidad en el más dramático escenario de ignorancia, enfermedad y pobreza.
Al cambiarse el paradigma de la producción por la especulación, se perdió el factor fundamental que constituye la producción de bienes y servicios.
Las causas estructurales también están vinculadas al decremento de la producción alimentaria que se debió en nuestro país a la falta de producción agropecuaria suscitada por el desmantelamiento de las instituciones que habían construido los gobiernos de la Revolución Mexicana: bancos, fideicomisos, Conasupo, Fertilizantes. A este fenómeno se agrega la influencia del crimen organizado en el medio rural.
El gobierno de la república hizo bien en criticar la política asistencialista, y, si bien la consideró un medio de contención a la pobreza, no le dio el rango de constituir una solución.
La conferencia de prensa del secretario de Hacienda, Luis Videgaray y de la secretaria de Desarrollo, Rosario Robles Berlanga, estableció que el crecimiento económico y la estabilidad son factores para el combate a la pobreza, lo cual es verdad; sin embargo, este crecimiento y esta estabilidad deben perseguir un fin distributivo pues las condiciones de desigualdad son verdaderamente dramáticas; la única solución en el mediano y largo plazo es retomar el camino productivo de la nación particularmente en el campo mexicano, donde el 25% de la población aporta menos del 5% al Producto Interno Bruto y no se ha planteado en los cambios estructurales reformistas una solución clara que le dé una nueva esperanza a los productores agropecuarios. No es lo mismo crecimiento económico y desarrollo económico; hace falta, sin lugar a dudas, una política que no se conforme con la exportación que sólo atiende el 5% de los productores. Es necesario y urgente reactivar la política de producción agrícola, forestal y ganadera; con todas las reformas o sin ellas, el campo mexicano debe ser atendido pues ahí reside gran parte de la pobreza extrema.
En medio del debate nacional que suscitan las reformas, deben tener un lugar en la agenda nacional los campesinos de México.
El Estado social de bienestar y el camino propio de México, deben retomarse para poder superar la crisis global que está conduciendo a la humanidad a un fracaso estrepitoso.
