René Anaya
Se dice que “de la vista nace el amor” y los neurofisiólogos están parcialmente de acuerdo con esa idea, porque se ha demostrado que también el olor interviene en la elección de pareja o en la intención de seducir a alguien, así como la cadencia de la conversación más que lo que se dice realmente.
Pero si en las cuestiones amorosas es aceptable que haya “un amor a primera vista” o se reconozca que “lo que se ve no se juzga”, en otros aspectos de la vida se supone que no se debe privilegiar lo que los ojos ven, ya que también se dice que “el hábito no hace al monje” o que “aunque la mona se vista de seda mona se queda”. Sin embargo, en contra de lo que se piensa, la vista es la principal fuente de información de nuestro cerebro, según un estudio reciente.
Lo que salta a la vista
Se sabe que muchas veces se juzga un libro o un CD por su portada (Alianza Editorial es el ejemplo típico de portadas muy atractivas visualmente); en otras ocasiones, la envoltura original de un regalo nos fascina; la apariencia física de una persona nos atrae o la publicidad ingeniosa de una marca nos convence. Finalmente esas elecciones surgidas de la vista no repercuten gravemente en nuestra vida o en nuestras decisiones.
En una entrevista de trabajo se supone que se debe impresionar al reclutador con una buena apariencia pero fundamentalmente con el currículum, la conversación y el lenguaje corporal; igualmente, en la elección de un gobernante debe ser importante pero no determinante su imagen pública y su carisma, pero lo que debería inclinarnos a votar por algún candidato sería su plataforma política y sus proposiciones.
Sin embargo, en la práctica diaria desafortunadamente no sucede así, muchas veces la selección del personal está basada en la información visual más que en la curricular o en el perfil que se requiere. En las elecciones, muchos políticos ganan porque tuvieron una excelente campaña de promoción del “producto”.
En uno y otro caso esas decisiones sí pueden repercutir negativamente en el aspirante al empleo y en el reclutador si su elección causó pérdidas en la empresa; y en los electores una mala decisión puede hacer que las políticas económicas, sociales y culturales vayan en perjuicio de la mayoría de los habitantes de la localidad o del país entero. Y de eso hay muchos ejemplos actuales.
Ante ese panorama, Chia-Jung Tsay, doctora en comportamiento organizacional y psicología, del Departamento de Ciencias de la Gestión y la Innovación, del Colegio Universitario de Londres, decidió investigar si en la toma de decisiones en cualquier actividad predomina la información visual sobre las demás, especialmente en grupos en los que las decisiones no se deben basar en la vista, por ejemplo en los músicos.
Cuando no se juzga de oídas
La doctora Chia-Jung Tsay, también concertista de piano, realizó un estudio que consistió en que mil personas, entre músicos profesionales y aficionados a la música, debían elegir los tres primeros finalistas de diez concursos internacionales de música clásica, basándose en tres tipos de muestras: video sin sonido, video con sonido y cinta de audio.
Los concursantes que verdaderamente obtuvieron los primeros lugares solamente fueron identificados por quienes vieron el video sin sonido, en tanto que los voluntarios que vieron el video con sonido y los que escucharon únicamente el audio fueron más erráticos en sus dictámenes.
La doctora, experta en la investigación del predominio de la información visual en el juicio sobre el rendimiento, ha referido que los resultados de este estudio indican que “sin importar el grado de experiencia, nos basamos principalmente en la información visual, incluso en el ámbito de la música. Debemos ser más conscientes de nuestra inclinación a depender de la información visual a expensas del contenido, que realmente consideramos como más relevante para nuestras decisiones”.
Lo preocupante es que los voluntarios sometidos a esta prueba aseguraron que en sus juicios había sido más importante el sonido, que la actuación o interpretación en sí. Por lo tanto, se debe ser más cauto en el momento de tomar decisiones porque puede influir más lo que entra por los ojos que por los oídos o por el intelecto.
La investigadora, en su trabajo “Sigh over sound in the judgment of music performance”, publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, advierte que se debe tomar en cuenta el predominio de elementos visuales en la toma de decisiones para “determinar los contextos en los que la dependencia visual conduce a decisiones equivocadas, como puede ser la elección de personal, las inversiones a largo plazo y la promoción”.
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