GENÓMICA Y BIOECONOMÍA

Su uso en la regulación de precios, mercados, salud y medio ambiente


Dr. Gerardo Jiménez Sánchez

 

La secuencia de ADN es muy similar entre individuos de la misma especie. Por ejemplo, los humanos compartimos el 99.9% de los 3,200 millones de letras que integran nuestro genoma. Si bien esas variaciones salpicadas en la cadena permiten distinguir a un individuo de otro, existen otras regiones en el ADN que son únicas para cada especie. Es decir, que su lectura nos permite saber con toda precisión de que especie se trata. Este es el caso del gen mitocondrial oxidasa 1 del citocromo c conocido como CO1 con una secuencia de poco mas de 600 letras. Su lectura comenzó siendo muy útil para museos, herbarios, zoológicos, acuarios y bancos de tejidos donde la identificación precisa de las especies resulta fundamental. A estas secuencias se les conoce como Códigos de Barras de ADN. Su utilidad puede entenderse al hacer una analogía con los códigos de barras que actualmente se utilizan en los supermercados para identificar a cada artículo entre millones de ellos.

La organización International Barcode of Life (http://ibol.org) de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá es el Centro Mundial para Códigos de Barras de ADN para el Estudio de la Biodiversidad (http://goo.gl/uEd6X). Cuenta con el centro de producción y almacenamiento de Códigos de Barras de ADN mas grande del mundo, así como una base de datos pública en la cual se catalogan miles de especies (http://www.boldsystems.org).

Las aplicaciones de los Códigos de Barras de ADN a la economía son cada vez mas importantes al utilizar su capacidad de distinguir entre dos especies, particularmente cuando sus características físicas son similares entre sí, aunque su calidad y valor comercial es muy diferente. Así, por ejemplo, han contribuido a esclarecer casos en Estados Unidos y Corea donde se vendía sushi de especies diferentes a las que se hacía creer a los consumidores (http://goo.gl/hWC0PD). Esto ha llevado a que algunos restaurantes comiencen a utilizar Códigos de Barras de ADN para demostrar la autenticidad de sus productos (http://goo.gl/Lj8uz). El gobierno de los Estados Unidos comenzó a utilizar estos Códigos de Barras para regular los precios de los pescados mas consumidos en ese país y que, con frecuencia, se etiquetan fraudulentamente con precios de otros pescados similares aunque de mayor valor comercial. Así, la Food and Drug Administration (FDA) integró los Códigos de Barras de ADN como un instrumento válido para identificar especies y contribuir a asegurar su precio correcto. Incluso ofrece información oficial sobre la identificación de productos del mar mediante tecnologías genómicas (http://goo.gl/KZTBMw) y ha comenzado a emitir guías para la industria sobre los requerimientos para la utilización de Códigos de Barras de ADN (http://goo.gl/7VzD35). Por su parte, Irlanda, el Reino Unido e Italia utilizan esta tecnología para evitar la presencia de especies “apócrifas” que dañan sus mercados internacionales de bacalao (http://goo.gl/RdmOEE). Otros países la usan para regular la pesca y caza de especies en peligro de extinción, incluso para identificar pescados que acumulan metales pesados que son tóxicos para el consumo humano.

Recientemente estos Códigos de Barras fueron utilizados con éxito en Europa para aclarar el escándalo generado por las acusaciones sobre la presencia de carne de caballo en hamburguesas (http://goo.gl/X1Hb9j). Mas aún, la industria canadiense a propuesto el uso rutinario de tecnología de ADN para certificar todas las hamburguesas originadas en ese país (http://goo.gl/40hjjM).

México carece de un marco jurídico que reconozca a los Códigos de Barras de ADN como instrumento para la identificación de especies, en contraste con las leyes mexicanas que reconocen a las pruebas de ADN para definir juicios de paternidad. Sería de gran utilidad contar con instrumentos jurídicos modernos que reconozcan el uso de estas nuevas tecnologías para fines sanitarios, ambientales, comerciales y medioambientales. Especialmente si los Códigos de Barras de ADN se pueden generar en 90 minutos a un costo cercano a 60 pesos en laboratorios equipados para ello.

Estas tecnologías también se aplican en la detección de zoonosis, es decir, enfermedades que pueden transmitirse de otros animales vertebrados a los seres humanos (http://goo.gl/h43DGx), así como en las aduanas de aeropuertos internacionales para controlar el contrabando de especies prohibidas (http://goo.gl/7SeZDF). En México resultaría útil para detener el saqueo de algunas especies de gran valor en mercados internacionales. Incluso permitiría la integración de información genómica en las descripciones que dan lugar a la denominación de origen de un gran número de especies con las que México contribuye a los mercados globales.

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gerardo.jimenez@genomicaybioeconomia.org

Profesor de Genómica y Bioeconomía, Escuela de Salud Pública de Harvard. Presidente de Biotecnología de la OCDE.

Presidente Ejecutivo, Global Biotech Consulting Group

Presidente de Genómica y Bioeconomía AC.