LOGOS
Lázaro Cárdenas del Río
Marco Antonio Aguilar Cortés
A algún consejero del presidente Enrique Peña Nieto se le hizo fácil proponerle que, para que la reforma energética promovida por el titular del Poder Ejecutivo Federal tuviera mayores márgenes de aceptación, deberían invocar, “palabra por palabra”, lo utilizado por Lázaro Cárdenas del Río para modificar el artículo 27 de nuestra Carta Magna.
Las reacciones en contra de ese equívoco presidencial no se hicieron esperar. Claro que lo externado en tiempos pasados, por quien suscribió el decreto de nuestra expropiación petrolera, corresponde a necesidades y circunstancias de aquellos momentos y lugares.
Es lógico, también, que la expresión, el pensamiento, y la acción de don Lázaro son patrimonio de la humanidad; empero, lo que no es válido es falsearlo, aunque se utilice “palabra por palabra”, sacándolas de contexto.
El 12 de febrero del 1939, en sus Apuntes, el presidente Cárdenas del Río anotaba: “Si algunos sectores han creído que las inversiones extranjeras hacen bien al país, están en un error. Habría beneficio para México cuando las utilidades se invirtieran o quedaran aquí mismo, pero no sucediendo así, la realidad es que las industrias extractivas, que en su mayoría están en manos de extranjeros, vienen agotando al país, sin que el pueblo mejore su vida”.
Añadió: “Y si México ha de permitir que el capital extranjero venga al país, que sea con la obligación de invertir aquí mismo las utilidades que obtenga en sus explotaciones. Debe permitírsele, sí, la salida del capital invertido, más los intereses que correspondan, pero no las utilidades que son riqueza que se roba injustamente al país”.
En estos conceptos se denota con mucha claridad lo que pensaba el presidente Cárdenas respecto al tema.
Si hay algunos razonamientos que nos conduzcan a observar que lo escrito en 1939 ya no tiene validez, expresémoslos con franqueza y precisión, pero no desnaturalicemos el pensamiento de nadie.
Lo que debe de quedar muy firme en la Constitución federal son los preceptos que regulen la inversión privada, nacional o extranjera, en materia de energéticos, y no dejar estas reglas plasmadas sólo en normas de carácter segundario.
En nuestra Carta Magna debe quedar establecido que el inversionista extranjero, en energéticos, en caso de algún interés insatisfecho de su parte, jamás debe hacer valer e invocar el derecho y la protección de su país, pues si lo hiciera, por ese único hecho perdería totalmente su inversión.
Lázaro Cárdenas del Río no forma parte de ninguna hagiografía familiar, ni es santo de ninguna pandilla. Lázaro Cárdenas del Río no fue ningún rebelde insumiso en busca de privilegios personales, ni ningún pícaro que aprovechando la ocasión saliera a prefigurar su futura campaña electoral; don Lázaro fue, sí, un presidente de México con gran sentido común, patriota y valiente, generador de una profunda huella histórica que favoreció al pueblo.
