David Alejandro Boyás Gómez
La Generación del 68 se reunió para conmemorar su 45 aniversario y homenajear a uno de sus más célebres miembros, Raúl Álvarez Garín. La ceremonia se llevó al cabo el viernes 9 de agosto en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario de la UNAM.
El homenaje fue organizado por Marcos Rascón, quien actuó de maestro de ceremonias e hizo un breve recuento de las muchas luchas en que ha participado la generación del 68 y en particular, Raúl Álvarez Garín.
Un trío conformado por el flautista Horacio Franco, Asaf Kolertein en el contrabajo y en el clavecín Santiago Álvarez, hijo del homenajeado, formó parte de la ceremonia. Franco mismo, antes de su interpretación, dirigió unas emocionadas palabras a Raúl.
Félix Hernández Gamundi subió al estrado e hizo un recuento de los aportes del movimiento estudiantil, hecho que tuvo una gran influencia sobre la vida política de la segunda mitad del siglo XX en México.
“El 68 no es derrota ni de los estudiantes ni de quienes dieron su apoyo”, aseguró; “es expediente abierto en México, influye aún hoy en nuestra cultura política”. Fue un movimiento que acogió toda lucha en contra de cualquier amenaza a la justicia, a la libertad, a la igualdad, a la paz y a la democracia plena, aseveró.
Gamundi, quien también fuera amigo y compañero de Álvarez en el IPN, en el Consejo General de Huelga y en la prisión negra de Lecumberri, recordó que fue Raúl quien organizó la marcha del silencio para responder a las calumnias que el gobierno argüía para desacreditar el movimiento. La reacción del gobierno devino en la toma de los campus de las universidades y en la masacre del 2 de octubre en Tlatelolco. Al respecto, Álvarez escribió el libro La estela de Tlatelolco.
A los prisioneros políticos de Lecumberri anteriores al 68 como Valentín Campa, Othón Salazar y Demetrio Vallejo, se sumaron Salvador Martínez della Rocca, Luis González de Alba, José Revueltas, Gilberto Guevara Niebla… y el propio Álvarez Garín.
De 1977 a 1990, Raúl dirigió la revista Punto Crítico, con lo que se comprueba que la lucha no murió aquel año, sino que justamente, fue el inicio de una larga batalla. En el 87, Álvarez une sus esfuerzos a la nueva corriente social del PRI comenzada por Cuauhtémoc Cárdenas. Así, Álvarez se coloca en la historia de la fundación del PRD.
A pesar de los avances de la izquierda en México y de algunos juicios promovidos, a decir de Hernández Gamundi, “no están cerrados los casos del 68 ni del 71”.
Tras una intervención musical de Rodolfo Reyes en la guitarra con su interpretación de “Tlatelolco”, pieza escrita por Daniel García, se dio lectura de una carta enviada desde Cuba por el amigo de Álvarez, héroe de la batalla de Playa Girón, Alberto Céspedes Carrillo, quien recordó su profunda amistad.
A continuación intervino el escritor Daniel Molina, quien abarcó en su intervención la vida de activista de Raúl. Reconoció su apoyo a las víctimas de la guerra sucia emprendida por el gobierno y recordó que el día del homenaje fue el día de su cumpleaños número 72.
Uno de los participantes fue Cuauhtémoc Cárdenas, quien, además de asegurar que su padre Lázaro Cárdenas comulgó con las luchas sociales emprendidas por Álvarez, coincidió en que debe haber un cambio radical en el PRD para que vuelva a ser un partido de la gente.
Como último acto fue proyectado un video donde Raúl Álvarez agradece la presencia de sus amigos y compañeros, reitera su lucha contra el neoliberalismo y pide el alto a la represión contra los jóvenes, en quienes confía para continuar con la defensa de los derechos civiles.
Fueron precisamente jóvenes amigos suyos quienes brindaron rosas al público para recordar el peso histórico de su generación, la del 68, que entre huelums y goyas expresó su reconocimiento al liderazgo de Raúl. El grupo Los Nakos interpretó “Vivan los estudiantes” y “Ni tú ni yo seremos granaderos”, viejas melodías que siempre serán jóvenes en su mensaje, canciones que sonaban a un lejano 1968, mientras la bandera comunista hizo entonar a todos La Internacional y despedirse por esa noche como bien lo sabe hace Raúl, con un cálido “en la lucha nos veremos”.
