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Más perjuicios que beneficios
Alejandro Zapata Perogordo
Desde hace algunos años ha comenzado el debate sobre la legalización de la mariguana, líderes sobresalientes de la región latinoamericana han puesto el tema en boga.
Dos acontecimientos han provocado aquí en México que se comience a tocar el tema; la legalización de la yerba con fines recreativos en algunos estados de la Unión Americana y, por otro lado, el impulso del expresidente Vicente Fox, secundado tanto por Miguel Ángel Mancera en su calidad de jefe de Gobierno del Distrito Federal, como también Graco Ramírez, gobernador del Estado de Morelos, para el efecto de que el asunto se aborde.
No es la primera ocasión que el tema se toca, aunque nunca con las dimensiones pretendidas ahora por quienes son sus principales promotores. En principio, la prudencia indica establecer un método de discusión, para observarlo de manera integral y no únicamente desde una perspectiva parcial.
Cabe decir que en nuestro país está permitido y no penalizado el consumo, de acuerdo con la reforma que se llevó a cabo en la Ley del Narcomenudeo, en consecuencia, quienes sostienen el derecho para individualmente decidir en libertad consumir el estupefaciente se encuentran rezagados por ser un debate superado. El senador Roberto Gil, en su artículo Legalización desde la tradición (liberal) del PAN, lo toca bajo los principios de la dignidad humana, la libertad personal y la responsabilidad social.
Sin embargo, el tema de fondo no se localiza en ese apartado, ya que la parte sensible radica en la pretensión de producir hasta arribar a la comercialización. Estas conductas se encuentran tipificadas como delitos y penalizadas en los Códigos respectivos e incluso forman parte de tratados internacionales suscritos por México para combatirlas.
Por otro lado, independientemente de las cuestiones de salud, circunstancia que también tiene sus bemoles, no podemos dejar pasar de manera inadvertida que nuestros vecinos del norte son los grandes consumidores y, por lo tanto, en términos económicos, podemos afirmar que es también el gran mercado. No obstante lo anterior, actualmente al legalizar la marihuana ahora también se han colocado como fuertes productores; anteriormente, quienes surtían el producto a ese país eran los carteles mexicanos, que ahora compiten con las empresas legales, cuya actividad tiene como finalidad el lucro y, seguramente, en poco tiempo estarán en condiciones de abastecer en su totalidad el mercado norteamericano.
En esas condiciones, significa que los carteles mexicanos han disminuido su ingreso por esa droga, lo que implica que diversifiquen su actividad en otros rubros y, además, traten de colocar su producto en otras regiones incluyendo a nuestro país.
Abrir la puerta a la producción y comercialización, no necesariamente implica menores índices de delincuencia, tampoco traería (como lo sostienen algunos de sus promotores) grandes ingresos económicos al Estado, ya que éstos tendrían que canalizarse a la rehabilitación.
Por el contrario, lo interesante para quienes pretenden incursionar en esa área del negocio consiste en producir grandes cantidades para su venta, lo que significa desde luego su promoción, alentando su consumo y, con ello, obtener la máxima rentabilidad posible.
Por otra parte, de seguir así la tendencia norteamericana, en poco tiempo tendrá una producción que cubrirá su abasto nacional y seguramente hasta con excedentes que buscarán colocar en otras regiones, sin duda alguna en México, lo que nos pondría a competir con grandes desventajas.
Así las cosas, sin incursionar a profundidad en la materia, donde existen muchos más argumentos en aspectos éticos, de seguridad, de salud, en políticas públicas y hasta compromisos internacionales, el asunto trae muchos más perjuicios que beneficios; en realidad, no se le ve utilidad en la propuesta encaminada a la parte de producción y comercialización, por el contrario, sería un riesgo innecesario, como dijo Sancho Panza, “no siempre hay tocinos donde hay estacas”.
