PLUMAS DE LA SALUD
Dr. Arturo Cervantes Trejo
Comer, lavarse los dientes, usar enjuague bucal, masticar papel, chicle o pasto, fumar, tomar una cucharada de aceite de oliva, ponerse una moneda en la boca, tomar café, beber leche, ingerir antiácidos; todos ellos son mitos urbanos que circulan entre los conductores que consumieron bebidas alcohólicas para “pasar el alcoholímetro”, sin embargo no existe forma de engañarlo.
La única verdad es que una sola copa, una sola cerveza, pueden ser la causa de un error de frenado de tres metros en una situación imprevista, distancia que significa la diferencia entre la vida y la muerte.
Las películas presentan a audaces jóvenes que manejan autos deportivos a gran velocidad, rebasan por la derecha, ignoran la luz roja del semáforo y burlan al agente de tránsito.
Actualmente las lesiones causadas por el tránsito son la octava causa mundial de muerte y la primera entre los jóvenes de 15 a 29 años, pues en ellos se conjunta la poca experiencia en la conducción y un uso o abuso en el consumo de bebidas alcohólicas.
En México, en 2011 se registraron 16 mil 615 muertos a causa de accidentes de tránsito, de los cuales una tercera parte corresponde a jóvenes entre 15 y 29 años de edad.
Datos oficiales indican que el 11.1% de los siniestros estuvieron relacionados con el consumo de alcohol, además, de 2006 a 2011 se redujeron en 29% los accidentes de tránsito relacionados con el alcohol.
Es por ello que el Secretariado Técnico del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes (Stconapra) implementó una serie de intervenciones, basadas en evidencia científica, para reducir los accidentes relacionados con este factor de riesgo.
Diversos estudios muestran que incluso niveles bajos como 0.02% de concentración de alcohol en la sangre pueden reducir la habilidad para manejar. La probabilidad de pérdida de control del vehículo y de sufrir una colisión se incrementa significativamente a partir de niveles de 0.05%.
El STCONAPRA impulsa la implementación de los operativos de alcoholimetría; la evidencia muestra que esta intervención reduce los accidentes en un 20%. Dichos operativos deben ser continuos, su ubicación debe responder a zonas de riesgo y la selección de conductores debe ser de manera aleatoria.
Una persona con algún nivel de alcohol no tiene el control suficientemente de sí mismo y mucho menos de un vehículo. Su campo visual se reduce, su capacidad de respuesta está disminuida, su sistema nervioso central está alterado, los inhibidores no funcionan. No puede conducir un automóvil.
De hecho, la probabilidad de morir en un siniestro de tránsito donde los conductores tienen niveles de alcohol en la sangre de 0.15% es de 380 veces mayor a la de un conductor que no haya ingerido ninguna bebida alcohólica.
Tradicionalmente los hombres son los que beben más alcohol, sin embargo lo que era considerado “un problema de hombres” se ha convertido en la actualidad en un problema general. El consumo de alcohol y la conducción en las mujeres ha ido incrementando.
De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones 2011, el abuso/dependencia del alcohol se incrementó del 4.1%, en 2002, a 5.5% para el 2008, además ésta incrementó de 8.3 a 9.7% en hombres, mientras que en mujeres se elevó de 0.4 a 1.7%, en el mismo periodo.
Entre las intervenciones más efectivas encontramos: niveles de alcohol más bajos, sanciones mixtas y rápidas, tolerancia cero a conductores noveles, programas de alcoholimetría multisectoriales, regulación de disponibilidad de alcohol, así como campañas de difusión.
Todos los estados de la república deben tomar acciones para abatir este problema. Según el Informe mundial sobre prevención de los traumatismos causados por el tránsito, de la Organización Mundial de la Salud, diversos estudios han puesto de relieve que límites entre 0 y 0,02 gramos sobre decilitro pueden reducir entre un 4 y un 24% la tasa de choques entre los jóvenes o los conductores principiantes.
Por sí solas, estas acciones no serían suficientes. También es necesario crear conciencia de que manejar a toda velocidad por una carretera con una cerveza en la mano no es gracioso, sino un atentado contra la vida propia y la de los demás; que la vida es mucho más que una fiesta o un arrancón para ver quién es más rápido; que tomar y conducir “como un hombre” no te hace una mejor mujer, sino que sólo deja ver una fuerte confusión de perspectivas de género.
Diariamente vemos en los diarios, la radio y la televisión noticias sobre la ola de violencia que atraviesa nuestro país, sin embargo conducir con alcohol también es violencia y está en manos de todos nosotros combatirla.
