Sara Rosalía

En 1939, en París, se crea la Junta de Cultura Española ocupada en el rescate de los intelectuales españoles republicanos del avance fascista, dependía del Servicio de Evacuación de Republicanos Españoles (SERE). El presidente era José Bergamín; el secretario,  Juan Larrea y el vicesecretrario, Eugenio Imaz. Ellos, llegados a México, crearán La Casa de España donde se agruparán unos 40 intelectuales, con Bergamín, Imaz y Gallegos Rocafull a la cabeza. (Como es sabido, La Casa de España se convertirá, en 1940, en El Colegio de México con la presidencia de Alfonso Reyes).

La revista España peregrina es el órgano de la Junta de Cultura Española y continúa, en consecuencia, con el rescate y la unidad de los españoles exiliados, la defensa de los principios humanos de la República y la preocupación por que la cultura española continúe en otra tierra, basándose en que Hispanoamérica y España comparten el idioma. El nombre, puesto por Bergamín, que era su director, alude a El peregrino en su patria, de Lope de Vega, pero quedó hecho a la medida de los “peregrinos” por los que se obligaba a velar la revista. Entre sus colaboradores hay que recordar a Roberto Fernández Balbuena y Elvira Gazcón

Romance, otra revista de los exiliados españoles, dirigida por el poeta Juan Rejano, tenía la intención también de propiciar la cultura española, pero sobre todo de relacionarse con la cultura de los hispanoamericanos. Ahí colaboran figuras de la talla de Enrique Diez-Canedo, Eugenio Imaz, Pablo Neruda, Luis Cernuda o Juan Ramón Jiménez.

Eugenio Imaz ya había participado en la célebre Cruz y raya, revista entre paradójica y dialéctica, porque se aceptaba como “revista de afirmación y negación” dirigida por José Bergamín, quien era él mismo una especie de oxímoron, ya que una de sus frases más citadas es : “yo con los comunistas hasta la muerte, pero no más allá”, porque era, en efecto, comunista y católico.

Imaz formó parte igualmente de la célebre Revista de Occidente, fundada por Ortega y Gasset. (Cabrera Infante le llama con sarcasmo por su deuda alemana Ortega und Gasset). Y aquí en México, Imaz siempre estuvo activo en una revista similar, quiero decir ensayística: Cuadernos americanos, dirigida en sus orígenes por Jesús Silva Herzog.

Si bien Eugenio Imaz estudió Derecho, su especialización fue en Filosofía, que cursó en Friburgo, Munich y Berlín, donde tomó clases con personalidades como Husserl y Heidegger. Su dominio del alemán, el inglés y el francés lo convirtió en uno de los traductores de lujo del Fondo de Cultura Económica, empresa en la que se involucró y es igualmente uno de sus fundadores. Tradujo a Kant, a Cassirer y a Collingwood, pero sobre todo las obras de Dilthey, filósofo al que dedica uno de sus libros: El pensamiento de Dilthey.

Fue profesor de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y padre, junto con su esposa alemana Hilde Janhnke, de una dinastía de brillantes científicos y docentes: su hijo, el matemático Carlos Imaz Janhnke, y sus nietos, el sociólogo Carlos Imaz Gizpert y la bióloga Mireya Imaz Gizpert. Nació en 1900 y murió en 1951.