PALABRAS MAYORES
PAN
Carlos E. Urdiales Villaseñor
De las variables políticas que inciden en el proceso de discusión y aprobación, si es el caso, de las reformas política, energética y hacendaria que se discuten en el Congreso, destaca una: la fractura funcional del Partido Acción Nacional.
El Pacto por México demostró que ya no fue suficiente como mecanismo de coordinación política para estas tres reformas que radicalizan las diferencias entre los distintos partidos; los impuestos, el petróleo y la arquitectura electoral para el futuro inmediato son los puntos para los cuales el protagónico acuerdo ya no alcanzó.
Como cualquier discusión legislativa, el negociar, ceder y pedir es lo natural, pero en este momento lo que añade dificultad al tema es la dispersión de los panistas que, o son calderonistas-corderistas o son maderistas y enfrentan tan profundas fracturas al extremo de presentar dos iniciativas de reforma político electoral, una de la dirigencia y otra del grupo mayoritario dentro de la fracción en el senado.
En esta coyuntura se puede observar a un PRI muy curtido y cohesionado por el poder, que le permite maquillar sus divisiones al grado de hacerlas parecer inexistentes. En el PRD, su sectarismo desde el origen de los tiempos no impide detectar los poderes fácticos y con ellos negociar. Pero en el PAN hoy o son espurios o son legítimos.
Parece que, del gabinete Montessori de Fox y del kinder de Calderón, terminamos en un grupo de legisladores panistas que fue confeccionado desde las listas y candidaturas sin una idea clara de qué y para quién trabajarían. Una vez perdida la Presidencia, la división interna cobra protagonismo y complica más este proceso de reformas estructurales que para el gobierno de Peña Nieto constituyen su apuesta más cara, y de cuya suerte, dependerá el derrotero de su administración.
@CarlosUrdiales
