Ricardo Muñoz Munguía

Los recuerdos tienen diferentes texturas. Así también los sueños. Son de tela y de papel. La memoria tiende su cuerpo cual rodillo de tela que se abre como un largo suspiro en el que brillan y pululan destellos del paso por la familia, los objetos, los amigos…, los instantes que obligan su presencia en la página.
El quehacer poético de Elva Macías (Chiapas, México, 1944) apunta
—como en gran parte de su obra: a la experiencia que es recuerdo, al otro que se ha vuelto sustancial en ella, a objetos o animales que no les permite la invisibilidad…—, en estA nuevo volumen, a las sensaciones; y qué mejor que con el título a este poemario: De tela y de papel.
El universo que plasma la poeta tiene que ver con las sensaciones, como ya se dijo, pero sobre todo, con lo que es palpado. Y esta forma de tocar se extiende en dos sentidos, lo que puede apegarse a lo corporal, pero ¿se puede tocar, hacer sentir, con la mirada?, unos versos del poema “Nombres de tela” ilustran la idea: “Vestidos de charmeuse/ camisas de mezclilla/ y sábanas de bramante,/ esponjadas como las nubes,/ aguardaban en la tienda./ Los trajes tenían mil rayas/ aunque nadie las quería contar./ Las camisolas eran cazadoras/ y los pantalones de dril salían de pesca”. Sentir para dar vida, hacer que florezca el objeto. Por otro lado, afianzarse al recuerdo es tejer la vida que está como un latido de constante memoria: “Alguien tomó la fotografía/ pero el papel no reveló mi efigie/ como si yo fuera una pequeña vampira. (…) ¿Y yo, la más pequeña, en qué vuelo/ repentino alcé las alas bajo mi capa/ de paño y terciopelo?/ Sé que estoy ahí porque escucho el agua/ y los versos de esa canción/ que aprendí a los seis años:// En la taberna hay un espejo/ en que refleja un piano viejo/ su sonrisa de marfil…”.
De tela y de papel, inserta un nuevo enfoque al final de sus páginas, es decir, nos invita a ver, con una nueva mirada, lo que nos rodea y los recuerdos.

Elva Macías, De tela y de papel. Parentalia, México, 2011.