PALABRAS MAYORES
¡Jugamos como nunca, perdimos como siempre!
Carlos E. Urdiales Villaseñor
Durante el mensaje presidencial con motivo del Primer Informe de Gobierno de Enrique Peña Nieto, y sus análisis, queda más o menos claro la ratificación del espíritu transformador que lo anima.
A contracorriente de quienes afirman que Peña Nieto es un presidente rehén de grandes intereses económicos, los primeros meses de la administración, que aún no cumple un año, los hechos demuestran que si algo les debía, les pagó cuando gobernador o candidato, porque ya instalado en el poder, nada ha entregado a esos supuestos mecenas perversos. Las reformas e iniciativas en curso han tocado los monetarios afectos de tirios y troyanos, también en términos políticos Peña Nieto ha sido pragmático en aras de la eficiencia.
El presidente sostiene el rumbo de las transformaciones de fondo, de ésas que hemos escuchado hablar desde hace un par de lustros y que en la era de los gobiernos divididos se han bloqueado a veces unos, y viceversa. Cuando arreció (arrecia) el conflicto con la CNTE, parecía pinchar el globo de la reforma educativa, el gobierno en mancuerna con legisladores de ambas Cámaras aprietan y están por salvar un escollo que durará, pero ya no afectará el curso y objetivo de dicha reforma.
De no haberlo logrado, las propuestas energética y fiscal que están en proceso una y en parto la otra se habrían muerto allí mismo. Las reformas van, la operación política con y contra el Pacto por México, con los peligrosos celos de legisladores que ven esfumarse el protagonismo que muchos les auguraban como verdaderos capos y varones de la grilla nacional, de las tribus y grupos de oposición que claman por ejercer de diques y no de comparsas. Con todos los peros que se quieran, las reformas y otras articulaciones institucionales avanzan.
Pero es aquí donde surge este fantasma nacional muy propio de nuestra tradición futbolera: “jugamos como nunca y perdimos como siempre”. Expresión que retrata con negro humor esta especie de condena mítica, hacemos bien las cosas, se mira a un presidente consciente de que lo único que le resta es brillar y trascender como mandatario, que no tiembla frente a petates de muerto con fugas de capitales, o boicots de medios ni cosas por el estilo; un gabinete variopinto que con luces y sombras ya no juega a la escuelita Montessori, con líderes opositores que importan pero que ya no pueden acorralar moralmente al poder en turno, muchas cosas parecen ir en el camino indicado por amplios consensos de diverso origen y metas.
Y sin embargo, las cifras y números de crecimiento, empleo, bienestar, pobreza e indicadores similares nos hablan de algo que no empata con el planteamiento del gobierno.
Que si la desaceleración internacional, que si secuelas de pesadillas económicas de pasado reciente, que si el subejercicio presupuestal, o la falta de pericia técnica en la Hacienda Pública para bajar recursos a estados y municipios, que si el escepticismo de grandes capitales para invertir en tanto no tengan las certezas jurídicas en sus campos de interés… etcétera.
El caso es que en este 2013 la boleta de calificaciones para quienes nos gobiernan no promete muchos dieces, o A, como ahora se estila en la escuela. A pesar de todo, los indicadores más sensibles para la población no mejoran, no se transforman en algo más promisorio.
Ya entrados en el terreno de la prospección política, a lo mejor estamos frente a una estrategia de invertir capital político en el primer año para sentar las bases por tanto tiempo buscadas, aun a costa de reprobar, para poner el resto en los subsecuentes ejercicios anuales, mejorar dramáticamente algunos de esos índices en 2014 y así hasta conseguir una mención honorífica en su sexto y último año de gobierno.
Tantas variables juegan en ello, la seguridad o la falta de ella, los retos como Michoacán o Guerrero, las facturas y cálculos políticos inciertos en detenciones como las de Elba Esther Gordillo y las omisiones en otros muchos y notables casos. Por lo pronto, a pesar de un despliegue aceptable y decoroso en la cancha, el marcador no refleja nada bueno aún. Y eso, al final, es lo que vale.
@Carlos Urdiales
