Ricardo Muñoz Munguía

Los ojos son el medio para habitar los sueños, para llegar a el alma, para escribir en esa frontera donde es el fondo del canto del silencio, palacio del aire, deslumbre de la palabra. Por ello, la poeta tiende su mirada a lo largo del panorama que está detrás de los ojos, y delinea en sus versos las líneas que le circundan: “Escríbeme en los ojos/ el tiro certero de lo inquebrantable/ todo ausencia en el revés de lo ido/ para saber que sólo en la penumbra/ se comprende el juego del resplandor (…) denuncia del tatuaje en cuerpo luminoso/ que deslava sus líneas/ para caer en la servidumbre de la palabra escrita”.
Poeta y ensayista, Mariana Bernárdez tiene entre sus libros, los títulos: María Zambrano: acercamiento a una poética de la aurora, Todo está en la línea: conversaciones con Raúl Renán y 15 poemas inéditos, Simetría del silencio, Alguna vez el Ciervo, Ramón Xirau: hacia el sentido de la presencia y Sendas del olivo, entre varios más.
Escríbeme en los ojos, poemario en cuatro secciones, recorre el territorio de los significados del cuerpo y del alma. En su primer apartado, Notas dispersas sobre el desierto, la memoria se vuelve ojo de agua de donde vemos la raíz de la fe, la presencia del tiempo que es eco, del recuerdo que está “de boca en boca/ de siglo en siglo” y qué mejor descripción del desierto: “Se es otro en su inmensidad/ porque se es nada frente a su desolación”. Escríbeme en los ojos, segunda parte, la luz, el silencio, la voz, el tiempo presente, el día vivido…, son los recursos o las ramas que se sostienen del árbol del alma, y donde lo marchito que es ausencia cae al olvido, y los sueños invitan a su morada y al silencio, donde se edifica un diálogo o un cuestionamiento; precisamente se dan preguntas que para quienes somos testigos de la partida del padre nos involucra en esta brisa del dolor: “El día se extiende exigiendo ser cursado/ ¿Y tú?, ¿estarás recorriendo el mundo en tren?/ ¿será mi palabra capaz de alcanzarte?”. La tercera división, Don del recuento, son trozos de las sensaciones y de las señales, sobre todo, de los vacíos: “Te escribo/ las palabras dejan de arraigarse en ti/ llevas días mirando hacia adentro/ absorto en una fascinación que me es ajena/ mientras más te inconozco”. La cuarta y última sección, Blanco y negro, las imágenes de viajes son los escenarios de la memoria del amor, que nace, como la misma autora lo enmarca en un verso de Octavio Paz: “el amor comienza en el cuerpo”.
El valor a la mirada, al ojo que es el medio para llegar a nuevas atmósferas, es la ocupación que Mariana Bernárdez deja como rutas por donde han de correr sus bellos versos.

Mariana Bernárdez, Escríbeme en los ojos.
Ediciones del lirio, México, 2013; 79 pp.