A contracorriente
Capital inerme y desprotegida
René Avilés Fabila
A lo largo de un mes, los capitalinos tuvimos que soportar los agravios a una ciudad indefensa, tomada por un puñado de maestros enloquecidos, cuyas enseñanzas provienen de los asedios a sus propias ciudades en Oaxaca, Guerrero y Michoacán. Imposible ir al Centro Histórico, y cada que se les ocurría agredían al Distrito Federal. Cercaron el aeropuerto, bloquearon arterias clave, cerraron carreteras, recorrieron las calles aterrorizando ciudadanos que iban a sus trabajos o llevaban a sus hijos a la escuela. Miguel Ángel Mancera, siguiendo la lógica perredista, no hizo nada, absolutamente nada, por defender a quienes gobierna. Quedamos inermes. Los medios protestaron y los sectores progresistas, unos cuantos, dijeron que era un linchamiento mediático. Fueron días incómodos y complejos para todos, pues la marea de violencia iba de un lado a otro, protegida por la policía del DF y por las infaltables e inefables organizaciones de derechos humanos que siempre equivocan las causas y, en lugar de proteger a la mayoría, defienden a la minoría, la que, dentro de su lógica, siempre tiene la razón.
Al fin llegaron las fiestas patrias y eso ya no atentaba contra solamente la ciudad capital sino contra la nación. Iban a impedir un festejo popular tradicional y un desfile militar para conmemorar la gesta de Independencia. Nada más. La PFP, medio ayudada por la policía capitalina y un timorato jefe de gobierno que protegía a quienes agredían su ciudad, sacaron sin mayores daños ni heridos a los invasores que carecen de ideología y de proyectos, se limitan a defender su derecho a hacer lo que les venga en gana, los sacó del Zócalo en un par de horas y las cosas quedaron en un relativo y frágil orden. Los integrantes de la CNTE se fueron al Monumento a la Revolución y desde allí le dijeron al mundo que retomarían el Zócalo y seguirían con su lucha.
Convertidos en mártires de la libertad o el libertinaje, esperan ahora la oportunidad de recuperar lo perdido. Es lamentable que las cosas hayan ocurrido así. Una mirada aguda e inteligente sobre el problema pudo haber evitado todos los zafarranchos que hemos visto y nos han afectado. Si la decisión se toma hace un mes y días, hoy serían un triste recuerdo y no un problema social y político que amenaza y crece con elementos de poco equilibrio emocional. Si Mancera supone que gracias a su escasa actividad ha ganado la candidatura presidencial para el siguiente periodo, sus cálculos están mal: perdió las simpatías de muchos de sus viejos electores. Está preso entre las tribus perredistas y supone que permitir todas las marchas que agreden al DF es lo correcto y le da una enorme popularidad; no es verdad.
Por lo pronto, al momento de redactar esta nota, los maestros están atrincherados a unos metros del sitio por donde el desfile militar pasará, confiemos en que no habrá ninguna provocación y que los miembros de la CNTE meditarán mejor su situación y la del país y al fin sus alumnos volverán a tener clases para sólo escuchar las dudosas hazañas de un grupo de aguerridos maestros de primaria que tomaron por cerca de un mes a la ciudad capital, la que hoy vemos inerme, desprotegida.
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