Carmen Galindo
Ya quedó claro que la reforma educativa es, en realidad, una reforma laboral con dedicatoria para los maestros. Se trata de echar al ambulantaje a unos 250 mil profesores. Y quien piense que exagero que se acuerde que hace poco le sobraron al gobierno los electricistas y mandaron a la calle a 42 mil de ellos. Se trata, claro, de los sindicatos combativos, en un caso el SME y ahora la CNTE. Dejo de lado que bajo el pretexto de defender el tránsito se lanzaron al linchamiento de los profesores. Escuché a un locutor de Radio Red decir algo así como “no nos engañemos se trata de pesos y centavos”, como si fuera un crimen que los trabajadores de la educación defendieran su salario. En esa misma estación se dijo que era necesario resarcir las ganancias de los comerciantes del Centro Histórico. A mi entender se trata también de dinero, pero éstos son, al parecer, otros pesos y centavos. Sin embargo, no quiero referirme al grave problema laboral, sino a la verdadera reforma educativa, la que está en marcha.
Se intenta imponer en las primarias la llamada enseñanza por competencias. Curiosa que soy me fui a internet, donde uno puede averiguar auténticamente cualquier cosa y descubrí que la palabra proviene del latín, pero mejor será que lea usted conmigo:
Competencia, proviene del verbo latino petere que significa pedir; a este verbo se le añade una preposición cum, que significa compañía, acompañamiento, y que al castellano pasó como la preposición con, lo cual genera la idea de establecer acción conjunta, la competencia conceptualizada a partir de su sentido etimológico, es una exigencia impuesta a un sujeto, exigencia que proviene de fuera; se refiere a “algo” que es solicitado que cumpla una persona, o “cosa”, por alguien ajeno al sujeto mismo … es decir, estar desarrollando capacidades, habilidades, conocimientos y actitudes en la medida en que es exigido por otros, mientras que las competencias tienen un carácter externo de imposición.
Ya se va entendiendo, quiere decir “pedir” y que quien lo “pide” es el patrón. Es decir, se trata de crear empleados a la medida, de ahí que se hable no de enseñanza-aprendizaje, sino de capacitación. Explícitamente se propone enseñar a hacer y no aprender ni memorizar conceptos. Usted dirá que me fui a leer un manifiesto de la CNTE, pero no, la cita se basa en un documento de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. También se dice:
en una dinámica de globalización la OCDE se involucra a nuestro país desde un enfoque particular que se refiere a las competencias en el ámbito laboral. En el terreno educativo y de capacitación laboral, el uso del término competencia manifiesta la pretensión de que los procesos de aprendizaje estén determinados por y se ajusten a la petición o exigencia de satisfacer un requerimiento externo al de la instancia educadora. Se pretende que los procesos de enseñanza-aprendizaje sean definidos desde las exigencias laborales, ya sea de las empresas o de las autoridades “educativas” concordantes con ellas, eliminando así la tarea de la escuela y de los maestros en función de los requerimientos “laborales” de los posibles empleadores. En esta concepción “educativa” corresponde a maestros y estudiantes acoplarse a esas exigencias: el ser humano es un “animal laboral” que debe desarrollar sus competencias para serle útil al productor.
Al final, en la parte “crítica”, se segura que al aplicar el examen de Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares (ENLACE) no se aprecian avances, tal vez, se conjetura, porque la SEP sólo ofrece Talleres Generales de Actualización que se califican de malos.
En uno de los dos días del paro solidario con la CNTE de algunas escuelas de la UNAM, escucho al pasar a un profesor que comenta que una de las preguntas de ENLACE (los profesores de Oaxaca se oponen al examen foráneo y estandarizado) es: ¿cuál es el símbolo de restaurante? La respuesta es, usted y yo lo sabemos, una cuchara y un tenedor. Pues bien, los maestros oaxaqueños, que por cierto no se oponen a la evaluación de ellos mismos, aseguran que los niños de su primaria no han ido nunca a un restorán y de hecho, no existe ninguno en toda la zona donde está su escuela. Los niños de esas primarias, explican, comen tortillas de desayuno y caminan varias horas para llegar a su “escuela” que puede ser al aire libre bajo un árbol. Tal vez les sea útil saber el símbolo de la cuchara y el tenedor cuando vayan a Estados Unidos a vender su fuerza de trabajo.
En el resto de la reforma educativa, ya he escrito en este espacio, quieren prescindir de la literatura, la filosofía, la geografía y la historia. Esta última, mal pensada que soy, es quizá la que ayuda en la identidad nacional y eso es lo que realmente sobra en la globalizaclón.
