Juan Antonio Rosado

¿Qué niño o adolescente no sintió, aunque tan sólo por instantes, miedo o cierta reticencia hacia las matemáticas o la geometría? Rebeca Mata y Verónica Valdés han novelado con fluidez, amenidad e imaginación un mundo lleno de situaciones en los reinos de la aritmética y la geometría, conectadas con los mitos clásicos o literarios. El epígrafe de Voltaire: “Se advierte entre los matemáticos una imaginación asombrosa” refleja las motivaciones de esta novela.
El señor Aritmético ocupa su trono para que el paje Numeral le anuncie la llegada de la reina Geometría. La primera situación de conflicto es que en distintos lados del reino hay revueltas, pero también un problema en el reino de Aritmético, justo en la aldea de las operaciones. Geometría se entrevista con Aritmético porque trae una propuesta de solución: “Creo saber quién nos puede ayudar”. El segundo capítulo, al ser una retrospección, incrementa la intriga y el lector desea seguir leyendo. Aparece una serie de personajes: el Doctor Diámetro, una escolta de líneas (Perpendicular y Para­lela, que como perros rastrean el peligro) y otros, como los hexágonos que persiguen a los triángulos. Los quebrados ya habían hecho su modesta aparición en el primer capítulo.
Entonces hace su aparición Uno (el primer número). Como es flaco, se confunde con la multitud. Uno es vasallo del rey Aritmético. Se anuncia de repente que los signos de igual han estado descontentos porque siempre hacen el mismo trabajo. Al ponerse en huelga, las operaciones permanecieron sin su signo de igual “y los resultados no sabían dónde colocarse”. Aritmético le encomienda a Uno poner el orden en todos los reinos. Se le nombra caballero. Tendrá a su cargo cuatro tareas (la evocación a los trabajos de Hércules es evidente, sólo que Uno es flaco, no musculoso, pero inteligente y astuto, a pesar de que en una ocasión descenderá a los “infiernos”.
Uno se inicia en la difícil tarea de encontrar el orden. La reina Geometría le entrega una cimitarra; Aritmético, una espada, y le dice: “Recuerda que tu mejor arma es el valor y la palabra”. En efecto, ¿qué sería de las matemáticas sin las palabras? Entre los episodios más bellos, destaco el encuentro con el Cero y el encuentro con la tortuga gigante. Tras varias aventuras y peligros, Uno realiza las cuatro tareas, pero como es de mal gusto contar cómo las realiza (y también el desenlace), dejo al lector de cualquier edad para que lo averigüe de forma divertida en este viaje, junto con las hermosas y artísticas ilustraciones de Javier Muñoz Nájera.

Rebeca Mata y Verónica Valdés, Las cuatro tareas de Uno. Editorial Praxis, México, 2012; 121 pp.