Myrta Sessarego1

Con la llegada del otoño, Álvaro Mutis ha emprendido, con sus noventa ríos sabiamente remontados, su último viaje. Conmocionada por esta noticia, deseo expresar el dolor que me embarga con este sencillo homenaje de despedida retomando algunas anotaciones2 sobre las correspondencias literarias entre su emblemático personaje Maqroll el Gaviero y aquel ingenioso hidalgo cervantino don Quijote de la Mancha.
De los numerosos reconocimientos que este gran poeta colombiano ha recibido baste mencionar aquí los tres más importantes premios literarios en español: el Príncipe de Asturias de las Letras y el Reina Sofía de Poesía (1997) y el Premio Cervantes (2001). Su obra poética es rica y extensa. Sus poemas, parábolas de la sombra al borde de la lucidez y la demencia, provienen de esa turbia zona intersticial donde el hombre se balancea en perpetuo movimiento. “La poesía de Álvaro Mutis reivindica la épica y lo narrativo en estos tiempos en que la lírica no goza más que de muy reducidos círculos de lectores: pero en contrapartida, lo narrativo de su obra novelesca nunca abandona la intensidad de la lírica, con lo que el tono unitario de su obra se concentra en lo poético”.3
Lo más original de la creatividad de Mutis es la aparición, junto con sus poemas de juventud, del personaje poético Maqroll el Gaviero, eterno viajero que atraviesa las distintas etapas creativas del autor hasta alcanzar la madurez y exigir la fabulación de sus hazañas, su transferencia de la poesía a la ficción narrativa. Desde la sarcástica letanía de aquella “Oración de Maqroll” (1948), y más aún desde la Reseña de los Hospitales de Ultramar (1955), hasta las siete novelas de Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero (1995), este personaje se nos presenta atento a la miseria de los seres y la descomposición de las cosas, buscando esa belleza maldita de la destrucción y el deterioro en los entornos más insalubres y peligrosos de la selva y el trópico. La fascinante escritura de Álvaro se erige así en alabanza de la aventura y la vivencia interior como una construcción del hombre enfrentado a la materialidad del vivir. Lo que significa valorar positivamente el sentido histórico, la conciencia ética y estética, en términos de poesía y pluralidad vital.
¿Y qué es el Quijote para Álvaro Mutis? Nada menos que su libro favorito. Al recibir el Premio Cervantes, afirmó: “Al paso de los años la obra cervantina ha llegado a ser para mí un ejercicio y una compañía siempre lista a despertarme sorpresas y lecciones inagotables”. Ante esa veneración, quisiera señalar algunos ecos entre Maqroll y don Quijote, y algunas coincidencias de vida entre sus respectivos creadores. Como Cervantes, Mutis es, al principio, poeta, y ya en su madurez, narrador. Ambos conocieron la amarga y fructífera experiencia de la cárcel. La obra principal de uno y otro gira alrededor del eje del “viaje”, lo cual influye en la estructura episódica y abierta, y en la visión de un mundo “fragmentario”, contradictorio y múltiple, dando paso, en Cervantes, a la creación del “antihéroe” de la novela moderna desde el siglo XVI, y en Mutis, al arquetipo más vital del antihéroe latinoamericano de la novela del siglo XX. Tales semejanzas dan origen a una serie de correspondencias temáticas, estructurales y de recursos estilísticos.
Maqroll el Gaviero, infatigable merodeador de abismos, capaz de pasar de las más altas gavias a las profundidades de las minas, eterno buceador de sí mismo, nómada de todos los mares y de los más hondos socavones, es el personaje totalizador de la obra de Mutis. Pocas veces una figura de ficción ha ido creciendo tan imperiosa y certeramente, como carnadura de sueños y nostalgias madurada por décadas en los toneles de la creación. ¿Y cuáles son sus cualidades fundamentales? “Es un aventurero —dice Rafael Conte—, un marinero repleto de extrañas filosofías, un ambiguo contrabandista con un extraño sentido del honor”. Sí. El Gaviero, al igual que don Quijote, es un personaje que emprende, una tras otra, aventuras descabelladas que a simple vista parecen ridículas, fracasadas de antemano, quijotescas; negocios que van contra la cordura, que dejan al descubierto el aspecto enajenante del protagonista, su zona oscura y turbia.
Por ejemplo, dice Maqroll en “Cocora”: “Aquí me quedé, al cuidado de esta mina, y ya he perdido la cuenta de los años que llevo en este lugar. Deben ser muchos, porque el sendero que llevaba hasta los socavones y que corría a la orilla del río ha desaparecido ya entre rastrojos y matas de plátano. Varios árboles de guayaba crecen en medio de la senda y han producido ya muchas cosechas. Todo esto debieron olvidarlo sus dueños y explotadores y no es de extrañarse que así haya sido, porque nunca se encontró mineral alguno, por hondo que se cavara y por muchas ramificaciones que se hicieran desde los corredores principales. Y yo que soy hombre de mar, para quien los puertos apenas fueron transitorio pretexto de amores efímeros y riñas de burdel, yo que siento todavía en mis huesos el mecerse de la gavia a cuyo extremo más alto subía para mirar el horizonte…”.
¿No será esa necesidad de errancia la misma que empuja a don Quijote en sus salidas? Ambos protagonistas coinciden en el caminar: uno recorriendo los derroteros del mar, el otro los de la Mancha; uno contemplando el mundo desde los barcos, el otro contemplándolo desde su caballo; uno desafiando molinos de viento, el otro buscando aserraderos inexistentes. ¿Se podría haber pensado que ambos, caminando, llegarían a coincidir en algún momento, en algún lugar? Pues sí. Uno y otro personajes fueron a encontrarse en Álvaro Mutis.
Tanto el Quijote como Maqroll imprimen una rara huella en los lectores que les lleva a incorporar de inmediato a su acervo intelectual el concepto de arquetipo de “caballero andante” y “marinero errante”. Llama la atención que ambos autores hayan creado dos abstracciones fácilmente aplicables a la vida: “lo quijotesco” y “lo maqrolliano”, en la misma dirección de “lo kafkiano” y “lo borgiano”. No lo han conseguido otros grandes escritores cuyos personajes no han cruzado esa barrera arquetípica. Pero Mutis consiguió algo más: unirse a otros escritores que han mitificado y consagrado lugares inventados por sus portentosas ficciones, tal como observa Mario Benedetti: “Mutis inventa a Maqroll el Gaviero como García Márquez a Macondo, Onetti a Santa María, Rulfo a Comala. Maqroll es también una región de lo imaginario, aunque creada mediante un habilísimo montaje de pequeñas y grandes realidades”.
La simbología del viaje está relacionada con el camino de la vida, con la búsqueda de metas espirituales y, ya desde la antigüedad, con los ritos de iniciación. El Gaviero cumple lo que azar y destino le deparan superando pruebas y peligros; de la misma forma que don Quijote cumple su vocación de caballero andante inventando peligros que no existen. Por eso, en el tendajón de La Nieve del Almirante, Maqroll dejó escrita esta sentencia: “Sigue a los navíos. Sigue las rutas que surcan las gastadas y tristes embarcaciones. No te detengas. Evita hasta el más humilde fondeadero. Remonta los ríos. Desciende los ríos. Confúndete en las lluvias que inundan la sabana. Niega toda orilla”.
Los viajes del Gaviero, con objetivos frustrantes y esporádicos, carecen de estación terminal y ensartan unos en otros de tal manera que él (al igual que don Quijote) se vuelve un personaje que siempre está en camino, siempre está yéndose. Es, como diría Borges, un “yente”. “Una caravana —reflexiona Maqroll— no simboliza ni representa cosa alguna. Nuestro error consiste en pensar que va hacia alguna parte o viene de otra. La caravana agota su significado en su mismo desplazamiento. Lo saben las bestias que la componen, lo ignoran los caravaneros. Siempre será así”.
Ahora, Álvaro y Maqroll, “de pie en una barca en medio del río”, han iniciado un nuevo viaje, acaso el último…
Querido Álvaro, ¿has logrado, finalmente, unirte a Maqroll en su viaje hacia el mar?, ¿o han encallado en los esteros?, ¿ha sido Un Bell Morir? Aún se escucha el eco de tus pisadas cruzando el puente y ya resuena tu ausencia. Quiero despedirte con tus propias palabras:

“Que te acoja la muerte
con todos tus sueños intactos. […]
Te abrirá los ojos a sus grandes aguas,
te iniciará en su constante brisa de otro mundo.
La muerte se confundirá con tus sueños
y en ellos reconocerá los signos
que antaño fuera dejando,
como un cazador que a su regreso
reconoce sus marcas en la brecha”.

que así sea.

 

 

1 Autora de Maqroll el Gaviero o las ganancias del
perdedor, Universidad Autónoma de la Ciudad de México
(colección Al Margen), México, 2006.
2 Trabajo presentado por Myrta Sessarego en el XXI Coloquio Cervantino Internacional de Guanajuato (2010), donde Álvaro Mutis recibió la Presea Cervantina por su reconocida y siempre manifiesta admiración por don Quijote.
3 Carmen Ruiz Barrionuevo en su introducción a
Summa de Maqroll el Gaviero. Poesía, 1948-1997.