REFLEXIONES CONSTITUCIONALES

 Reforma hacendaria

 

Alfredo Ríos Camarena

Finalmente, se presentó ante la Cámara de Diputados la agenda económica y hacendaria que plantea el Ejecutivo federal; el evento en el que el presidente Enrique Peña Nieto hizo públicos los elementos más destacados de esta reforma fue impresionante, pues se logró no sólo la presencia del gobierno federal, de los gobernadores de los estados, de los principales representantes de las cámaras, sino también de los propios directivos de los distintos partidos políticos que participan en el llamado Pacto por México, así como empresarios y distinguidas personalidades; se logró juntar el agua y el aceite aparentemente sin ningún problema.

La reforma se planteó, y esto es importante subrayarlo, dentro de los paradigmas fundamentales de la Constitución de la república que tienen que ver con la distribución de la riqueza y con las aspiraciones más sentidas del pueblo de México. Haberla calificado como una reforma social e incluirle iniciativas de reformas constitucionales para construir un nuevo modelo social a partir del seguro universal y el seguro del desempleo fue indudablemente un acierto, como también lo fue el crudo reconocimiento de una crisis económica muy añeja que planteó con claridad Luis Videgaray, secretario de Hacienda, aun cuando no se señaló que el origen estructural de esta caída económica está vinculada al modelo que nos han impuesto las políticas monetaristas y neoliberales.

Llaman la atención algunas modificaciones de fondo, como el pago de impuestos por la especulación bursátil, la desaparición de la consolidación fiscal que ha sido uno de los instrumentos más claros para la elusión fiscal, también definir el déficit para este año de 0.4 y para 2014 de 1.5, pues esta medida nos permite confrontar con mayor claridad nuestra situación económica evitando la demagogia financiera; desaparecen el IETU y el IDE; se aumenta el IVA a 16% en la zona fronteriza; y se aumenta el ISR empresarial y personal.

Al parecer, varias de las consideraciones que plantean esta reforma de fondo tienen qué ver con la aportación de diferentes opiniones, según lo dijo el presidente, emanadas de partidos opositores.

La reforma constituye un golpe de timón y un reto, pues lograr la recaudación que se plantea para aumentar el gasto público en un uno por ciento del PIB no será nada fácil, pues habrá resistencia; primero, en la aprobación, y después en la ejecución y operación que no podrán resolverse rápidamente.

Desde luego existen resistencias de grupos afectados, particularmente los grandes capitostes de la iniciativa privada que verán mermadas, por cierto mínimamente, sus pingues ganancias que han producido una desigualdad dramática en las últimas décadas. La meta de un estimado crecimiento de 3.9% —a pesar de que es limitada— no será fácil, pues este año con trabajo llegaremos, si es que lo logramos, al 1.8; paralelamente disminuir la inflación de 3.5 a 3.0 constituye una meta factible, pero necesariamente vinculada al resto de los factores. Por otra parte, la estimación del precio del barril del petróleo de 81 dólares es sumamente precaria. El indicador del precio del dólar también está contemplado relativamente bajo pues todo indica que el año próximo estaremos en un 13.5.

En medio de la confrontación social que producen los maestros en su lucha contra la reforma educativa y la que apenas se inicia de millones de mexicanos que se oponen a la reforma constitucional energética, el presidente se anotó un buen punto. Por eso la reforma fiscal no se ve mal.