Patricia Gutiérrez-Otero
(Primera de dos partes)
Desde 1850 los jesuitas editan la revista Civiltà Cattolica donde tratan temas de cultura, teología, filosofía, historia, política, ciencia, literatura, cine y arte, entre otros. Recordemos que la Compañía de Jesús fue fundada por el vasco Ignacio de Loyola en la segunda mitad del siglo XVI y que su principal característica es la práctica de los Ejercicios Espirituales para el discernimiento, lo que concede una gran libertad en la búsqueda espiritual. En el número 3918 la revista dedica todo un cuaderno a una entrevista que el papa Francisco, quien fue jesuita (si es que se puede dejar de serlo), concede a Antonio Spadaro s.j. (puede descargarse en bit.ly/1f7kT6w). Francisco responde con gran sencillez y, podríamos decir, casi con imprudencia en una institución religiosa demasiado politizada. La visión de Francisco sobre lo que es la Iglesia se apega a las enseñanzas magisteriales y a la mejor Tradición del cuerpo de Cristo, sin embargo el hincapié que Juan Pablo II hizo en asuntos de moral difiere mucho en este pontífice. Sabe que el momento actual es para anunciar lo esencial: Jesús vino a salvar al hombre y no para cargarlo de más pesos. Él no usa estas palabras. Lo traduzco yo. Por eso me atrevo a pedir que su entrevista sea leída, sobre todo por los creyentes dogmáticos, con apertura de mente y corazón: es un texto liberador. Cabe recalcar que él mismo se define como un pecador. Ello no hace referencia a ningún pecado en específico, sino a la condición humana en sí. Termino esta primera entrega con algunas citas del texto mismo de la conferencia para hacer más explícito el enfoque que el papa Francisco quiere dar a la Iglesia.
En primer lugar sitúa lo que es esencial en la Iglesia: “La Iglesia a veces se ha dejado envolver en pequeñas cosas, en pequeños preceptos. En el cristianismo lo más importante es el anuncio primero: ‘¡Jesucristo te ha salvado!’. Y los ministros de la Iglesia deben ser, ante todo, ministros de misericordia. (…) (deben) hacerse cargo de las personas, acompañándolas como el buen samaritano que lava, limpia y consuela a su prójimo. Esto es Evangelio puro. Dios es más grande que el pecado. Las reformas organizativas y estructurales vienen después. La primera reforma debe ser la de las actitudes. Los ministros del Evangelio deben ser personas capaces de caldear el corazón de las personas, de caminar con ellas en la noche, de saber dialogar e incluso descender a su noche y oscuridad sin perderse. El pueblo de Dios necesita pastores y no funcionarios ‘clérigos de despacho’”.
Un poco más lejos, en relación con el tema candente de las personas homosexuales añade: “si una persona homosexual tiene buena voluntad y busca a Dios, yo no soy quién para juzgarla. Al decir esto he dicho lo que dice el Catecismo (se refiere al Catecismo de la Iglesia Católica de 1983). La religión tiene derecho de expresar sus propias opiniones al servicio de las personas, pero Dios en la creación nos ha hecho libres: no es posible una injerencia espiritual en la vida personal”. Más lejos añade que si Dios ve con afecto a una persona homosexual porque es persona, cómo podemos verla de otra manera.
De manera aún más general el papa Francisco dice que “No podemos seguir insistiendo sólo en cuestiones referentes al aborto, al matrimonio homosexual o al uso de anticonceptivos. (…) Pero si se habla de estas cosas hay que hacerlo en un contexto. Por lo demás, ya conocemos la opinión de la Iglesia y yo soy hijo de la Iglesia, pero no es necesario estar hablando de estas cosas sin cesar”. Es decir que al hacer hincapié en que él es hijo de la Iglesia, hace suya su doctrina, pero no el martilleo que se ha hecho de esta parte de su moral ni su descontextualización. Prosigue así: “Las enseñanzas de la Iglesia, sean dogmáticas o morales, no son todas equivalentes. (…) El anuncio misionero se concentra en lo esencial, en lo necesario, que, por otra parte es lo que más apasiona y atrae, es lo que hace arder el corazón (…). Una actitud misericordiosa ni rigorista ni laxa, afecto a las personas, regreso a lo esencial y atención al contexto como fundamentos del anuncio y la actitud cristianas.
La entrevista del papa Francisco vale la pena leerse en entero. Para algunos será insuficiente, para muchos será escandalosa, para mí es pertinente y completamente bienvenida. Reabre partes del camino que inició Vaticano II y que se cerraron con el paso de los años.
Además, opino que se respeten los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, que se detengan las mineras a cielo abierto, que se revisen a fondo y dialógicamente las reformas impuestas por el gobierno, que no se entreguen los hidrocarburos en manos privadas.
