Juan Antonio Rosado

La obra de un autor, cuando es verdaderamente significativa, “mata” de alguna forma al individuo que la produjo para tomar su lugar y erigirse en el auténtico ser vivo con quien muchos podrán seguir discutiendo a pesar de la muerte física del ser humano que la concibió, de modo que él sólo podrá “resucitar” a costa de su propia obra, como un ente subordinado a ésta. Cuando decimos “Cervantes”, “Shakespeare”, “Dante” o “Dostoievsky”, pensamos en obras y únicamente de manera subordinada atendemos a quienes, gracias a la tradición científica o literaria que absorbieron, y a la sociedad que los vio nacer, generaron esas obras.
Recientemente falleció uno de los más importantes antropólogos mexicanos: Santiago Genovés. Cuando me enteré de tal suceso, de inmediato pensé en uno de los libros suyos que, por una u otra razón, llegó a mis manos y leí con avidez. Como otros muchos a lo largo de mi vida, fue un libro que me marcó: Violencia: una visión general (1977). En la época en que degusté este librito, aún no incursionaba en uno de los temas sobre los que más he reflexionado desde el ensayo, la crítica y la creación literarios: el erotismo. Cuando Genovés apareció en mi camino, más bien me hallaba obsesionado por el tema de la violencia (sobre todo la violencia política) y el impulso tanático del ser humano: su agresividad natural. De Santiago Genovés también es el libro Comportamiento y violencia y un sinnúmero de artículos (algunos más científicos que otros, pero todos con una argumentación impecable). La aparición de sus artículos se inicia en los ya remotos años cincuenta del siglo xx, y no hay solución de continuidad: el autor siguió publicando durante las siguientes décadas, de forma incansable. Cito uno de estos artículos, por el interés que pueda generar: “Papyrus, posibles contactos trasatlánticos y numismática” (1972).
Pero tal vez haya sido la violencia uno de los temas que este antropólogo abordó con mayor profundidad. Baste repasar el título de otros artículos: “Aspectos antropológicos de la agresividad” (1970), “La cabina de un avión secuestrado como laboratorio de comportamiento humano” (1972), “Bases antropológicas de la angustia” (1972) y “Nuestro cuerpo y la agresividad” (1976). Del primer libro citado, recuerdo aún algunos pasajes que me marcaron, como esta paráfrasis de Hacker (1972): “En los países de cultura occidental, un hombre mató a otro cada minuto, día y noche, durante los últimos ciento cincuenta años. Uno cada veinte segundos en los últimos 150 años”, o esta otra cita, que a mi juicio es fundamental: “la conducta violenta y agresiva en los humanos —sostiene Genovés— se evalúa a partir de las reglas y patrones legales”.
Mucho queda por discernir en torno al problema de la violencia, pero Santiago Genovés profundizó en sólidas bases y, por medio de la investigación, llegó a conclusiones que sientan nuevas bases para la continuación de su reflexión y estudio desde diversos ámbitos.