CHARLAS DE CAFÉ
Entrevista a Susana Iglesias/Autora
Eve Gil
Susana Iglesias (ciudad de México, 1978) es una chica que fluctúa entre resultar intimidante —con esa mirada que parece haberlo visto todo— hasta hacer experimentar una formidable familiaridad con ella.
Un poco así es su primera novela, Señorita Vodka (Tusquets, México, 2013) que recrea un mundo que, aunque oscuro, fascinante y peligroso, invita a instalarse en él como en casa. Su protagonista, que responde al mote que da título a la novela, llega, por momentos, a ser una amiga que, al tiempo que comparte su historia extrema sin ningún tapujo, invita a hablarle sobre lo que no se atrevería a contarle ni a su sombra.
Pero también deja bien en claro que “una mujer que no domina unas agujas del quince no puede considerarse mujer”.
Entre Los Ángeles, Hollywood y Eje Central
Ganadora del codiciado Premio Aura Estrada 2009 —algo más que un premio, pues no se trata solo de dinero sino que brinda la oportunidad de viajar y afianzar la vocación literaria en diversas residencias para escritores—, Susana nos realiza un retrato hablado de su fascinante protagonista quien nos hace pensar en las enigmáticas espías de Ellery Queen o, más recientemente, una espléndida autora de pulp-thriller o hard boiled, la estadounidense Christa Faust.
“Señorita Vodka —dice Susana— es un personaje situado entre Los Ángeles, Hollywood Boulevard y el Eje Central. Ese es su camino natural. Es un personaje nocturno y muy emocional y profundamente amoroso, y ella refleja ese amor a través del universo de hombres que retrata aquí. A veces parece que ha tomado decisiones equivocadas con los hombres, pero creo que el amor se construye a través de decisiones equivocadas, y ella las retrata, las vive y las refleja. ¡Se las regala al lector! Se trata de una novela de emociones, un homenaje a la noche mexicana; la memoria de la noche que no tiene fondo”.
“¿Cómo logré ingresar a esos lugares? Como cualquiera: caminando. No soy periodista, no soy socióloga: soy una persona que le gusta conectar personas. Me gusta caminar de noche por el Eje y conocer personas, no importa si son conversaciones de una noche”.
“Me puedo meter —dice la autora— a cualquier lugar del Eje, a los tacos sudados de Doña Anita, al ratito me asomo al table a ver quién está y platico con la banda. Toda esa zona me la conozco muy bien, me conocen muy bien. No tengo prejuicios. En la mañana desayuno en El Cardenal y por la noche me podré tomar una caguama en Garibaldi. Los prejuicios lo hacen a uno perderse de muchas cosas”.
“Eje Central —dice Susana— es un gran punto de reunión y de historia y todos esos personajes marginales están retratados en la novela. Es muy penoso lo que le ha pasado al Eje Central, más aún a la Plaza Garibaldi. Ahora la tienen satanizada. Siempre ha sido un lugar peligroso y no precisamente por las personas que viven allí: son estas medidas de «seguridad» las que están fallando porque no puede ser que te asalten en el Eje con todas estas cámaras. Habría que revisar bien la seguridad de este lugar. Las personas de Garibaldi son muy cálidas, muy trabajadoras. A mí nadie me va a contar. No son delincuentes, trabajan mucho, y de eso también habla Señorita Vodka”.
Señorita Vodka es bailarina de tubo por convicción y escritora por vocación. Altamente autodestructiva, pero sin perder el porte ni siquiera cuando juega a la ruleta rusa, se autodefine a través de su relación con diversos hombres que, si bien están involucrados con el hampa desde diversos puntos, oscilan entre la caballerosidad y la psicopatía, aunque son, al mismo tiempo, cualquier hombre.
Señorita Vodka, por otra parte, no compite con otras mujeres. Ninguna representa alerta alguna para ella, pues lo único realmente capaz de hacerla rabiar de celos es “una pluma brillante”.
Teibolera por convicción
“Es totalmente deliberado —dice Susana— dejar zonas oscuras en el pasado del personaje. Cada lector escoge un camino para ella. Me ayudó mucho hacer capítulos autónomos. Ella es teibolera por convicción, aunque haya llegado accidentalmente y en realidad lo que menos importa en la historia es que sea teibolera. Fue un pretexto para sumergirnos en este mundo, porque ella es muchas cosas más. ¿Por qué, además, la hice escritora? Para que fuera creíble, porque solo una escritora puede emplear ese nivel de lenguaje. Si fuera cien por ciento teibolera, no podría jugar de esa manera con las palabras. Se manejan otros lenguajes en estos sitios y no los reproduzco cien por ciento, aunque sí recurro a los modismos propios del ambiente del table-dance”.
Señorita Vodka aparentemente no tiene nada que perder… ¡hasta que le roban su lap-top! Su verdadera vida. Su verdadero cuerpo. Algo inadmisible. Y su venganza será implacable…
“¡Ahí está la credibilidad del personaje escritor! —exclama Susana— Para un escritor, en estos tiempos, perder su computadora personal equivale a perder su vida. Aunque por la mañana escribas en una libreta o en la máquina de escribir, en la computadora está siempre la versión definitiva. A mí me robaron mi computadora y decidí heredarle esa terrible experiencia a mi personaje y ver cómo amarraba. Mi máquina, que contenía casualmente una versión previa de esta misma novela, fue perdida, recuperada, se volvió a escribir, se redujo y fue un proceso bastante largo, y ahora hasta agradezco que haya sucedido. Yo iba a buscar mi computadora todas las noches al Eje, yo sabía quién había sido y le suplicaba que me la devolviera. No es tanto el aparato lo que importa, sino los archivos, y eso me sirvió para conocer más personajes que incorporé a la novela. Ahora no me importa que hayan cambiado mi compu por «piedra»”.
En una de las más espectaculares escenas de Señorita Vodka, vemos a ésta bailando con enorme profesionalismo y pasión una canción que podría ser su biografía: Bad romance, de Lady Gaga, aunque Susana no se haya inspirado en la citada melodía.
