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 Tiempos bajo amenaza de tempestades

Alejandro Zapata Perogordo

Se ha puesto de moda para justificar todas las acciones de carácter político, así sean desestabilizadoras o pacíficas. Aprovechando los tiempos del aniversario de la Independencia, que coinciden con los del Congreso en la discusión de importantes reformas, se toma la bandera de que se trata de luchas patrióticas. En ese tenor, vemos a los maestros desquiciando la capital del país, a Andrés Manuel López Obrador manifestándose en contra del incremento del IVA, a Cuauhtémoc Cárdenas llamando a la defensa del petróleo, a Gustavo Madero y Jesus Zambrano exigiendo la reforma política y electoral, y a Enrique Peña Nieto impulsando sus propuestas.

Lo único que faltó fue la tradicional concentración en el Ángel de la Independencia de los seguidores de la Selección Mexicana de Futbol, frustrada por la actuación vergonzante de los deportistas connacionales, donde los futbolistas hondureños nos vinieron a dar servicio a domicilio.

Durante este mes de septiembre y seguramente hasta finales del año, estarán los tiempos bajo amenaza de tempestades. Se prevén discusiones muy acaloradas, entre encuentros  y desencuentros. Aún persisten incluso las resistencias a aceptar la reforma educativa en el gremio magisterial.

En el sindicato nacional de maestros, aunque ha pintado su raya frente a la radicalización de la CNTE, internamente se han dejado sentir inquietudes y malestar; falta explicar a los maestros los alcances de la misma, al parecer se mandó llamar a todos los líderes estatales a efecto de ponerlos al día y, hasta donde sea posible en frecuencia, con la intención de evitar fugas que  engrosen a la disidencia.

Eso no es todo, el gobierno de la república encabezado por Peña tiene varios frentes abiertos, algunos de ellos —por razones obvias— han sido postergados y se encuentran aletargados, como es el caso de los gobernadores trogloditas a quienes no ha podido meter al aro, sin embargo, una vez concluida la reforma fiscal y la energética, tendrán que acercarse para cabildear el presupuesto y gestionar recursos para el próximo año, es ahí donde tendrán que alinearse. Otros dos asuntos pendientes tienen que ver con Pemex y su sindicato, donde no cantan mal las rancheras, y —sin duda— el de seguridad, circunstancia de gran preocupación, sin embargo, quedará pendiente hasta 2014.

La propuesta del paquete fiscal resultó una simple miscelánea, es parcial y no toca los temas de forma integral. Es entendible dadas las circunstancias de desaceleración por las que atraviesa el país, aunadas a las amenazas de ingobernabilidad que se presentan, sin embargo, contrastan con las expectativas que se habían generado en torno a una verdadera reforma de fondo y, por lo tanto, sus resultados se pueden predecir de insuficientes.

La ventana de oportunidad prevista en este año para incorporar cambios verdaderamente estructurales corre el riesgo de reducirse a una estrategia gradualista e incierta.

Y lo que resulta impostergable, es el establecimiento de bases y condiciones para la convivencia política y social. Los gobernados se sienten insatisfechos, la sociedad esta encrespada y quiere ser tomada en cuenta, por lo tanto, la reforma política y electoral se debe dirigir a un mayor y mejor acercamiento en las relaciones entre la sociedad y el Estado, entre los poderes, las instituciones y las desgastadas formas democráticas.