POLÍTICA Y GOBIERNO

 

Esperemos que la sangre no llegue al río

Jorge Carrillo Olea

 

 

Hemos sido tolerantes hasta extremos criticados,

pero todo tiene un límite y no podemos

permitir ya que se siga quebrantando irremisiblemente

el orden jurídico como a los ojos de todo

el mundo ha venido sucediendo.

Gustavo Díaz Ordaz (1 de septiembre, 1968)

Una reflexión que recorriera lo previsible de este septiembre a enero de 2014 nos haría arquear las cejas. Esos meses que se mostraban en enero como cargados de esperanzas resultaron en un nublado que anuncia ser un cúmulo de calamidades. Sí, así pinta este fin de año para Enrique Peña y por ende para el país.

Se acumulan nubarrones: ya se dieron las elecciones del 7 de julio. Se esperaban estruendosas, la verdad es que pasaron sin mayores efectos. ¿Por qué?, ¿es que no hubo irregularidades? Sí, claro. Después de tantas acusaciones, unas hasta risibles, pasada la tormenta y él con el cinismo al que estamos acostumbrados, aquí no pasó nada. Gritos histéricos por todos lados y ninguna consecuencia. Ya nadie llora. Son las realidades mexicanas.

 Está el informe presidencial que, para ser el primero, puede señalar el camino para los otros cinco. Resultó pésima, por errático, la definición de la sede. Vedada la del congreso; secuestrado Palacio Nacional; amenazado el Auditorio, desestimados los salones de Los Pinos fuimos a parar a un prado, el Campo Marte, pero no, siempre no. Mejor un patio de la residencia, o sea “suban el piano, bajen el piano”. En su contenido resultó una agenda para mañana, no hubo política en este momento terriblemente político.

Están en el horno los primeros presupuestos que serán sui géneris. El de ingresos debería incorporar como fuentes fiscales parte de los números procedentes de la reforma fiscal, si la hubiera. Se esperaría también que en el de egresos los conceptos de gasto fueran más explícitos.

Los proyectos legislativos, si alguno es todavía viable ante las circunstancias del momento, pesan igualmente: se avizoran la reforma política y las reformas fiscal y energética, y queda también por considerar toda la legislación reglamentaria en materia de telecomunicaciones. Y todo esto con Michoacán y Guerrero alborotados, Chihuahua que se sigue ensangrentado, el Bajío calentándose, el Estado de México parece morgue y del Distrito Federal ni hablar.

Hay además de una pesada morralla que quedó atorada en alguna de las cámaras como la que crea la Comisión Anticorrupción o la muy delicada reforma a la Ley de Seguridad Nacional que contendría las aspiraciones militares que, a primera vista, son imposibles de atender, y es verdad que ellos no asimilan y es el peor momento para disgustarlos. ¡Poca cosa!

Ya fuera de la olla de cocción de la relación Ejecutivo-Legislativo, pero influyendo mucho, mucho, en los comportamientos racionales e irracionales de legisladores está la ardorosa vida diaria:

1. Nuestra economía va claramente a la baja, al grado de que ciertos programas presidenciales por hoy son ya claramente insostenibles, como el de la seguridad universal, la cruzada contra el hambre, la beca-salario, etc. Menos mal que el petróleo está ligeramente al alza gracias a Siria.

2. La fragilidad económica europea y sus efectos por la reducción de importaciones de Estados Unidos que rebota en las mexicanas. Las cuitas de Obama con el tema de Siria y un posible enredo allá, de ésos en los que les encanta participar como gendarmes del mundo.

3. No pueden dejarse atrás en la reflexión, como posibilidades factibles que se afectan recíprocamente, la nubosidad en la percepción sobre los programas nacionales que recién se lanzaron, ninguno se entendió ni fue aplaudido. Tantos discursos (270) se opacan recíprocamente.

4. Es de esperarse el empeoramiento de las situaciones de inestabilidad social en el Distrito Federal gracias a la CNTE, a López Obrador, los anarquistas y otros movimientos que aprovecharán la situación creada por el propio presidente, que en su ilusionismo de enero, puso demasiada carne en su asador.

Paradójicamente nadie le hizo ver que no tenía un análisis de consecuencias suficientemente desarrollado. Decidió tan aventurada estrategia en la ausencia de las instituciones de inteligencia que él convirtió en comisarías. Así, se fue sólo con la opinión de los cuates. Esperemos que la sangre no llegue al río.

Aguas, aguas, aguas, la historia suele repetirse. ¡2 de octubre no se olvida!

 

                                  hienca@prodigy.net.mx