La NASA lo lanzó en 1977 y lleva un mensaje de paz y armonía

René Anaya

En un lugar siempre imaginado pero hasta hace poco nunca conocido, a más de 18 mil millones de kilómetros de la Tierra, que equivalen aproximadamente a 23 veces la distancia de nuestro planeta al Sol, un objeto creado por el ser humano viaja con rumbo a las estrellas.

En la literatura de ficción científica abundan los personajes que van de un sistema planetario a otro, pero apenas ahora se empieza a hacer realidad el viaje interestelar, gracias a la nave espacial Voyager 1, que fue lanzada al espacio el 5 de septiembre de 1977, hace 36 años.

 

Exploradores interestelares

Todo empezó en la década de 1970, cuando los investigadores de la Agencia Estadounidense de Aeronáutica y del Espacio (NASA por sus siglas en inglés) consideraron que era importante no dejar pasar la oportunidad de aprovechar la rara alineación de Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, que ocurre una vez cada 176 años, para visitarlos con ahorro de combustible, pues su fuerza gravitacional permitiría empujar las naves al siguiente planeta.

Las Voyager 1 y 2 fueron lanzadas con esa misión: aportaron numerosos datos sobre los planetas y nuestro Sistema Solar. Pero sus tareas no concluirían allí, se planeó que una vez que terminaran sus visitas planetarias siguiesen su camino hacia el espacio interestelar, lo cual no se sabía cuánto tiempo podría llevarles. Lo que sí se sabía era que ambas naves deberían llevar un mensaje de los habitantes de la Tierra dirigido a civilizaciones que pudieran encontrarlo.

De esa manera, se fabricó una cápsula llamada Disco Dorado, que en realidad es un disco de cobre de 30 centímetros de diámetro, del tamaño de los casi desaparecidos discos analógicos de larga duración, que contiene siluetas de un hombre y una mujer; saludos y bienvenidas en 55 idiomas; música de diferentes culturas, como El cascabel, de Lorenzo Barcelata; la risa humana, el canto de una ballena, de aves y otros animales; los sonidos de un beso, del mar y del viento; 115 imágenes que van desde maravillas naturales hasta construcciones de ingeniería y arquitectura; así como la estructura del ácido desoxirribonucleico.

Con ese cargamento, las Voyager han viajado por más de tres décadas. La más adelantada es la Voyager 1, que estará en un vacío cósmico por cerca de 40 mil años, cuando pasará a unos 1.6 años luz de la estrella AC+793888 de la constelación Camelopardalis; por su parte, la Voyager 2, en unos 300 mil años estará a 4.3 años luz de Sirio, la estrella más brillante del cielo. Su viaje proseguirá en nuestra Vía Láctea hasta que, hipotéticamente, sean interceptadas y sea descifrado su mensaje. Por lo pronto, el viaje interestelar apenas comienza.

 

En el abismo del espacio interestelar

Aunque desde hace un año se tenían datos de que la Voyager 1 había abandonado la zona de influencia del Sol, los científicos no se ponían de acuerdo sobre la interpretación de esos datos, principalmente porque nadie sabía realmente qué podría haber en esas regiones, solamente había hipótesis; además, uno de los instrumentos que podría haber arrojado datos más precisos al respecto, el que mide la densidad, la temperatura y la velocidad del plasma (cuarto estado de la material similar al gaseoso, con partículas cargadas eléctricamente, que responden fuertemente a las interacciones electromagnéticas) dejó de funcionar en 1980.

En esas condiciones, los investigadores consideraban que el cruce hacia el espacio interestelar causaría un cambio abrupto en la dirección del campo magnético, las partículas cargadas procedentes de la heliosfera (región bajo la influencia del viento solar) bajarían y los rayos cósmicos galácticos aumentarían. En mayo de 2012 hubo una primera caída de las partículas de la heliosfera, el 28 de julio de ese año aumentó el cambio, aunque cinco días después volvió a los niveles anteriores por lo que se pensó que la nave había llegado brevemente a la frontera interestelar, a la heliopausa.

El 25 de agosto de 2012, todas las partículas de la heliosfera desaparecieron y se incrementaron los niveles de rayos cósmicos intergalácticos. Posteriores observaciones confirmaron que la nave ya estaba detectando plasma interestelar: “estamos en una zona de transición mixta hacia el espacio interestelar, pero no sabemos cuándo vamos a llegar al espacio interestelar libre de la influencia de nuestra burbuja solar”, ha planteado Ed Stone, científico jefe del proyecto.

Lo cierto es que la Voyager 1 ya se encuentra más allá del Sol, en el inicio de una odisea espacial en la que lleva un mensaje de paz y armonía para otras civilizaciones, y que ha abandonado la cuna de nuestra civilización.

reneanaya2000@gmail.com