REFLEXIONES CONSTITUCIONALES

 

Más ánimo de reparto que de cambio

 

Alfredo Ríos Camarena

En los sistemas de partidos políticos que operan en el mundo, cada día incide más en su desarrollo la influencia de las cúpulas, lejanas a los militantes, y la escasa dosis de ideología que en el pasado fueron la razón de su teleología.

En México, las cosas no son mejores, los partidos se sientan a la mesa del poder más con ánimo de reparto que de cambio; por eso suceden fenómenos de las alianzas antinatura, cuando convergen intereses de cada uno de los institutos políticos.

Además de las candidaturas extrañas de alianzas impensables, hoy estamos frente al fenómeno donde el rodar de las bolas de billar del tapete verde de la política, chocan entre sí y producen resultados inesperados y extraños.

En estos días, se tienen que definir —por razones constitucionales— la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos de la Federación, lo cual implica, como ya se hizo en la Cámara baja, aprobar impuestos y muy pronto presupuestos. En el Pacto por México, se refugiaron líderes de sus partidos con serias debilidades internas, como es el caso del PAN y también del PRD; el primero, en un cambio de su dirigencia con ausencia de brújula; y el segundo, con la pérdida del peso específico de López Obrador que está construyendo un nuevo partido.

Estas debilidades internas propiciaron alianzas dentro del Poder Legislativo que han sido endebles y confusas. Hoy lo vemos con claridad, PAN y parte del PRD se pueden unir en el Senado contra la reforma fiscal; la reforma política ni se ha planteado ni está clara y sería un error regalarles a los panistas algunas innecesarias reformas. Mientras que la reforma energética, a pesar de cierta similitud entre PAN y PRI, pudiera detenerse frente a este juego de carambolas inesperadas; en la reforma fiscal, PRI y PRD; en la reforma política, PAN y PRD; en la reforma energética, PRI y tal vez el PAN.

En resumen, los juegos inesperados del poder carecen de lógica política y de meta programática; sólo son la suma de ese juego que, al final, puede producir los más inesperados resultados.

El porvenir de México debe tener un ancla más sólida, con mayor apoyo social y con sentido patriótico e histórico; habrá que llevar adelante las reformas, pero más que eso tiene que existir la voluntad de un cambio que tenga como objetivo central cambiar las dramáticas condiciones de injusticia y desigualdad; más allá de los partidos y de sus líderes, México tiene una historia que desde el Estado nacional debe continuarse con seriedad y congruencia.

El pueblo ya no aguanta más, está harto de que las bolas de billar choquen sin ton ni son y las soluciones a los temas de productividad y empleo con sentido social estén cada día más lejos. Afortunadamente tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, hay quienes tienen la capacidad para impedir el empantanamiento de la república.

En el Legislativo, la experiencia de los líderes priistas es ampliamente conocida, tanto Beltrones como Gamboa pueden, si se lo proponen, sacar adelante los delicados temas que atraviesa el Congreso; el liderazgo del nuevo presidente está a prueba, pero su acción dinámica y sobre todo su acercamiento a los más desfavorecidos, como fueron los damnificados recientes, nos indican que un nuevo aliento lo acompaña, que no es el de los favorecidos por concesiones y contratos, ni el de los grandes empresarios, sino de aquellos abandonados por la sociedad con quienes compartió la esperanza en estos días dolorosos de daños materiales y humanos enormes.