CONSULTORÍA ECONÓMICA

 Reforma financiera

Julio A Millán B.

Una de las reformas quizá menos atendidas en sus impactos es la financiera, la cual busca el desarrollo sano y sólido del sector financiero en beneficio de los mexicanos, según reza la exposición de motivos presentados por el presidente y la Secretaría de Hacienda.

En el espíritu de la reforma se plantea que la banca comercial y de desarrollo otorguen una mayor cantidad de créditos tanto al público como a las empresas, ello bajo condiciones más favorables, en cuanto a tasas de interés, plazos y montos.

Un punto importante es que se plantea la necesidad de otorgar mayor certidumbre en la ejecución de contratos y de fortalecer el esquema de garantías, como medidas necesarias para incentivar la expansión de oferta de crédito.

Hay que tomar en cuenta que, en México, se ha ido arraigando la cultura del no pago, situación propiciada en parte por las condiciones económicas, pero también por  las actuales condiciones de incertidumbre jurídica, en las que la ejecución de garantías lleva años en litigios engorrosos, que terminan por no ejercerse, favorecen al deudor que puede incurrir en abusos.

El resultado claramente ha sido mayores requisitos para otorgar créditos, la petición sumamente exagerada de garantías y las elevadas tasas buscando cubrir las posibles pérdidas, condiciones leoninas que alejan a los posibles interesados. Asimismo, está un evidente desinterés en prestar a las empresas; después de todo, la banca privada ve más seguro y rentable prestarle al gobierno comprando Cetes.

La propuesta de reforma, como indicamos, busca otorgar mayor certeza en la ejecución de garantías a los bancos, para poder hacerse en poco tiempo de los bienes dejados en prenda por el otorgamiento de un crédito, en caso de no pago. Claramente esto es un duro golpe a la cultura del no pago, pero hay que cuidar que no se generen excesos y abusos.

La visión del Estado es que se esperaría que los bancos presten más, puesto que la excusa de no poder garantizar la recuperación del dinero se elimina. Sin embargo, si las condiciones de otorgamiento de crédito siguen siendo leoninas y le agregamos la certeza de perder las garantías cuando no se pueda cubrir la deuda, que si bien también elimina la cultura del no pago, puede conducir a que las empresas y público en general prefieran no acercarse al banco y seguir recurriendo a las hasta ahora fuentes tradicionales de crédito, por lo que se perpetuaría la baja penetración de la banca. Lo importante es que la reforma sea equilibrada, es necesario que el sistema financiero sea competitivo y se “ponga las pilas”, ya que es pieza fundamental del desarrollo económico.