PALABRAS MAYORES

 

Abriré un paréntesis

Carlos E. Urdiales Villaseñor

Los hombres de negocios son sujetos de escrutinio público según la trascendencia y relevancia de sus quehaceres empresariales. Si además el ámbito de sus afanes está en los medios de comunicación, pues con mayor razón y facilidad pasan por el rasero de la opinión pública.

Abriré un paréntesis en lo que corresponde a Ricardo Salinas Pliego que nunca ha dejado de estar en el candelero, que por la compra de lo que fuera Imevisión, que por sus otros negocios que van de la banca a la venta de electrodomésticos y más. A Salinas se le han criticado varios episodios, con o sin sustancia, con peores o mejores argumentos y ahí están los registros hemerográficos. Dentro de su actividad profesional, hay algo que no ha merecido atención y debe tenerla.

En el contexto de Fundación Azteca que dirige Esteban Moctezuma Barragán, nace un extraordinario concepto social de rescate y enriquecimiento social a través de la música, se trata de las (sí, en plural) Orquestas Infantiles y Juveniles Esperanza Azteca. La historia según la cuentan los mismos responsables obedeció a la idea de arrancarle al destino la vida de niños y niñas que, por predisposición socioeconómica, poco o nulo bienestar les esperaba. Contrataron maestros, coordinadores y les enseñaron, los incorporaron a un círculo virtuoso y comprobaron que podían replicar el ejercicio, ya no con una orquesta, sino con varias más.

A la fecha, son cerca de 13 mil niños y jóvenes que descubrieron potenciales de grandeza y realización que difícilmente habrían encontrado sin esta iniciativa, 55 orquestas y coros en 29 estados del país y siguen sumando. Dice Ricardo Salinas: “es una incubadora de buenos mexicanos, que nos inspira a seguir trabajando e invirtiendo en ellos”. La Red de Orquestas Sinfónicas Esperanza Azteca se ha planteado llegar a 74 para final de año y en 10 años impactar en la vida de medio millón de personas.

En Nueva York se acaba de celebrar la reunión 2013 del Clinton Global Initiative en donde participó Salinas Pliego y abordó, junto con otros hombres de negocios de todo el mundo, las expectativas y oportunidades de industrias sustentables y su inserción en un entorno más amplio así como en el sistema financiero global.

Y allá, en la sede del instituto del expresidente Clinton, la Orquesta Sinfónica ofreció un concierto con acentos muy mexicanos. A Ricardo Salinas le fue bien, a la Orquesta Esperanza Azteca mejor. Y es que una iniciativa que acude a la base social y demográfica debe ser aplaudida y también reconocida como un buen ejercicio de responsabilidad social por parte de cualquier empresario.

De verdad que lo que Fundación Azteca ha operado en ese sentido debe ser publicitado, lo que Ricardo Salinas ha impulsado también merece reconocimiento, y los niños y jóvenes de las orquestas deben ser aplaudidos aquí en México y fuera de nuestras fronteras. En medio de circunstancias complejas y adversas para nuestro día a día, vale un respiro y un suspiro de esperanza.

Colaboro en Barra de Opinión de Azteca desde hace más de dos años. Reconocer la labor, el talento y la aportación de esto que le cuento, es punto y aparte. Escúchelos y véalos.

@CarlosUrdiales