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¿Qué esperamos de este embrollo?

Alejandro Zapata Perogordo

La conformación plural en las Cámaras obliga al gobierno en turno y a su partido político a buscar la construcción de mayorías que aprueben sus propuestas. Lo anterior, implica un complejo y entramado proceso de negociación política, entre los estira y aflojes, los encuentros y desencuentros, la natural afectación de intereses, los protagonismos, la multiplicidad de actores y las estrategias de cada grupo, dependiendo del objetivo que persigan.

La negociación es un proceso de intercambio, en materia política, considerando el principio de la ética de la que habla Max Weber, debe ir encaminada a un objetivo superior; el del bien común.

Sin embargo, es lógica la existencia de diferencias naturales derivadas de la perspectiva en que cada parte aborda los problemas y sus posibles soluciones, máxime cuando se trata de un gobierno dividido, que obtiene mayor representatividad social, pero incrementa la dificultad de arribar a acuerdos. Por una parte tiene mayor legitimidad, y por otra, el margen de respuesta es complicado.

Pues bien, aunque parezca paradójico, nos encontramos precisamente en un escenario similar, donde cohabitan tres fuerzas principales en el Congreso mexicano; el PRI,  el PRD y el PAN y ninguno por sí solo tiene mayoría absoluta en las Cámaras, por lo tanto, su obligación es buscar acuerdos para darle viabilidad del país.

Los resultados hasta ahora son positivos, estamos bajo un pluralismo moderado, que hace mucho no veíamos, aunque ahora los temas de la agenda en reformas como la político electoral, el paquete fiscal y la energética los ha puesto a distancia y obligado a atrincherarse.

Los partidos, por consecuencia, se encuentran en la necesidad de explicar su conducta y se asumen como agentes ciudadanos, acercándose a la sociedad, circunstancia que acarreara el inexorable juicio y escrutinio de los electores.

Parece que nadie la tiene fácil en esta ocasión; una reforma energética es necesaria para el país, la de hace cuatro años se quedó muy corta y, al parecer no aprendimos que requiere cirugía mayor, sin embargo, se utiliza como bandera nacionalista para enervar los ánimos ciudadanos. La propuesta hacendaria llena de ocurrencias con dosis de populismo, enfocada a la recaudación y sostenida por el déficit, la cual necesita correcciones y, en medio la político electoral, cuyos efectos serían los equilibrios y vincular a la sociedad con el gobierno, que tampoco le atrae al oficialismo, ya que tendría que ceder en algunos ámbitos como la figura de ratificación de gabinete.

¿Qué esperamos de este embrollo?

Sólo que los legisladores no se vayan con las fintas entre el señalamiento de las virtudes o de asignación de culpas, sino que actúen simple y llanamente con responsabilidad republicana.