Alejandro Alvarado
Para desmitificar la novela policiaca destacando la presencia femenina, BEF (Bernardo Fernández) creó a Andrea Mijangos, protagonista de sus novelas del género publicadas por Grijalbo, Hielo Negro y Cuello Blanco. Consciente de lo difícil que es crear una historia de ficción que no esté ya escrita, BEF buscaba que la suya no fuera tan común: “Hay literatura policiaca buena y muchas obras con hembras —refiere— pero pocas de éstas protagonizadas por ellas. Se piensa quizá, que aunque sí hay las que participan en todas las actividades, no debieran ser heroínas de las novelas policiacas. Me interesó crear una trilogía que diera voz, ya que normalmente no las vemos. Me interesaba desmitificar diferentes aspectos de los criminales, incluso de los policías. El judicial es una especie de demonio, de villano perverso. Intenté demostrar en mi historia que hay de todo en ellos, algunos son honrados, están bien entrenados y son mejores que otros”.
El escritor galardonado con el Premio de Novela Policiaca “Otra vuelta de tuerca” y el “Premio Grijalbo de Novela 2011” considera que una buena obra policiaca refleja con mucha fidelidad la situación del país en que se desarrolla o de su contexto en el momento que se escriba. “De repente tenemos demasiada narconovela; creo que nos sobran algunas. Quise alejarme de esa tendencia. Ya en la primera historia de la serie abordaba el tema del narco y la quise alejar a otro lado, pero siempre reaparece, porque es la actividad criminal más importante en este momento en el país, y se ha mudado de la nota roja a la primera plana. Se ha convertido en una discusión en la agenda nacional para todo el mundo y, de alguna manera, los ciudadanos hemos sido afectados por esta actividad. Sin embargo, ya no quería contar otra narconovela de sicarios. Uno, porque hay gente que lo hace mejor que yo, pienso en Alejandro Almazán o en Élmer Mendoza; dos, porque quería moverme a otras actividades criminales que a veces se nos olvida que están ahí”.
—¿El humor es para usted una de las maneras más eficientes de enfrentar situaciones extremas?
—Esto es ficción, desde luego; pero creo que si algo puede permitir sostenerte ante situaciones que se dan en el mundo, espantosas y tan extremas, como las que aparecen en el libro es el humor negro. Los sucesos pueden ser tan trágicos si no le das un cierto giro hacia el chacoteo. Imagino que esta misma historia contada con formalidad no sería soportable. Parte de la idiosincrasia nacional está en la cabulilla. Además, conforme fui realizando la investigación para estos personajes descubrí que en medios tan extremos la gente necesita de la risa. Se enfrenta a cosas terribles cada día. Son tan sórdidas que resultaría muy difícil enfrentarlas de manera solemne.
—Su novela es muy ágil, cuenta situaciones verosímiles que se mueven con rapidez…
—La estructuré como un zapping de televisión, como si se quisiera alternar o, un poco, como los que brincan de link en link en Internet. Son capítulos muy breves, que llevan de una acción a otra. No es nada nuevo. A mí me gusta cómo hace esto Michael Crichton. Busqué que pareciera que en mi historia se estuviera cambiando de canal, como tomando esta forma del zapping o del capítulo muy breve que te deja en suspenso en cada final, para que regreses por más y te lleves una novedad y vuelvas de nuevo. Es crear tensión por medio de una estructura casi telegráfica. Es ir cambiando la voz narrativa; lo que a mí me refresca mucho.
—En la novela aborda el tema del lavado de dinero, un tema de actualidad que quizá muchas personas no lo entendemos. Como que en su historia nos descorre ese velo para comprenderlo mejor…
—Ni siquiera yo lo tenía muy claro. Era parte de mi intensión tratar de documentar a los lectores sobre este tema. Eché mano de los mecanismos de la ciencia ficción. Claro, en la ciencia ficción explicas cómo en un túnel usado para atravesar de un lado de la galaxia a otro se pueden tratar los temas financieros. Al escribir sobre ello, procuré explicármelos a mí mismo. Tomé estos asuntos complejos para meterlos en una trama que le dé claridad al público. No es que yo espere crear conciencia. Escribí una historia para pasarse bien un rato; no obstante, estoy consciente que se habla poco en la sociedad de la importancia que dentro de la realidad tiene esta recolocación de capitales del delito financiero, el cual casi no se ubica como delito porque no es cruento; no provoca balaceras, acciones de sangre. En mi obra exageré tantito para que hubiera acción, porque podría haberse tratado de gente que está todo el día transfiriendo fondos en la computadora, pero hubiera resultado poco atractiva. Por eso llevé el tono al exceso del gran guiñol.
—¿Usted, qué es lo que le busca en una novela policiaca?
—Que no sea concesiva, que sea divertida, o al menos que su visión no sea muy solemne. Me interesa que sus temas estén bien investigados, que vayan documentando al lector sobre cómo es el trabajo del policía y cómo el del criminal, y que no sea demasiado fantasiosa. Me gustan los personajes con los que pueda identificarme; sobre todo, la novela policiaca que me interesa apuesta a la estructura y al ritmo. Son dos de sus características importantes. La estructura debe ser muy rigurosa. Si no se enfoca de esta manera la trama se cae. El ritmo debe ser ágil, ameno, fluido; sin permitirse digresiones muy amplias, porque con ellas se aburre al lector. Necesita ir brincando. Me gusta la metáfora de la montaña rusa. Las novelas que me interesan son las que contienen esas características.
