LOGOS
Las locuras de las reformas
Marco Antonio Aguilar Cortés
Consideran muchos mexicanos que algunas de las reformas impulsadas por el Pacto por México, y suscritas por el presidente Enrique Peña Nieto, debieron pasar a través de una consulta popular nacional, antes que por el proceso legislativo.
Formularon esa propuesta, entre otros, la CNTE respecto a reformas educativas, y el aspirante a partido político Morena en relación con reformas energéticas; la Presidencia de la República rechazó su proposición plebiscitaria.
Jurídicamente, tanto la solicitud como el rechazo tienen fundamento. Basta una simple lectura a los artículos 39, 40 y 41 de la Constitución Política para llegar a esta conclusión.
Si la soberanía nacional reside esencial y originalmente en el pueblo, y todo poder público dimana de él y se instituye para beneficio de éste, y si establece que el pueblo tiene siempre el inalienable derecho a modificar o alterar la forma de su gobierno, es obvio que en asuntos trascendentes el gobierno puede consultarlo antes de dar un paso que provoque convulsiones populares.
También es cierto que la voluntad del pueblo ha sido convertirse en una república representativa; es decir, ejercer la soberanía nacional no en forma directa, sino a través de los tres poderes federales y los tres poderes de cada uno de los estados de la federación, por lo que no es indispensable dicha consulta popular.
Empero, la actual confronta va más allá de lo establecido jurídicamente, ya que conlleva la salvaje lucha por el poder y, algo más, implica el franco trastoque de todo un sistema, con cargas violentas de disfraces múltiples.
La consulta popular propuesta no tiene la intención de fortalecer al gobierno federal constituido, sino de despeñarlo, no quiere auxiliar al gobierno priista ni a ningún otro que no sea el encabezado por Andrés Manuel López Obrador, quien abandera, sí, un deseo generalizado: no entregar nuestra riqueza energética a los particulares, sean extranjeros o nacionales.
Desde luego que de palabra todos quieren preservar para la nación y el pueblo de México nuestro petróleo y nuestro potencial eléctrico, pero entonces, ¿para qué modificar los artículos 27 y 28 de nuestra Carta Magna?
Como en la época de Erasmo de Rotterdam (1467-1536) está a la vista lo malo de los poderosos, y lo protervo de sus opositores; el pensamiento inteligente de este renacentista asombra en el Elogio de la locura, donde hace explotar su indignación acumulada en contra de todos los actores confrontados, poderosos o no.
Y ante tanta locura de los que manejan la ley con autoridad disfrazada de pueblo, pero defendiendo los grandes capitales, y de los que manipulan la justicia de las muchedumbres con demagogia y actitudes delincuenciales, Erasmo volvería a plantear “la responsabilidad y la sabiduría oportunas”.
Escribir es actuar, por ello sugiero que las locuras de las reformas se conviertan en las reformas a las locuras.
