Sara Rosalía

 En el homenaje de la Academia Mexicana de la Lengua a Miguel Capistrán a un año de su fallecimiento, el poeta Jaime Labastida se refirió a la edición de la Universidad de Guanajuato de la prosa de José Gorostiza y a la posterior recopilación en un solo volumen para reunir tanto la prosa como la poesía de Gorostiza, que prologó el propio Jaime. No se dijo ahí en el homenaje un dato muy importante: que en la parte de la prosa hay un texto sobre el insomnio y una gota de agua que cae que prefigura, yo diría que con precisión, el hermético Muerte sin fin, poema capital de la literatura mexicana. No recuerdo si Miguel Capistrán así lo indica en el prólogo de la edición guanajuatense, pero en todo caso siempre lo comentaba de viva voz el investigador al referirse a ese volumen de Gorostiza. No se mencionó tampoco que Miguel también rescató la pieza Upa y apa, escrita en colaboración por Xavier Villaurrutia y el otro Gorostiza, Celestino. La académica Julieta Fierro cometió el desliz de atribuir una prosa de Pável Granados, que precede la antología de poesía de la Revolución Mexicana, a Capistrán. La confusión sotto voce detectada por Magdalena Galindo, que estaba entre el público, se debe quizás a que la selección y rescate de poemas fue de Granados y Capistrán, pero el prólogo sólo lo escribió y así aparece firmado por Pável. En el homenaje vimos en las primeras filas a las hermanas de Miguel, Paca y Julia, cerca de Silvia Molina, Eraclio Zepeda y Elba Macías, así como un grupo compacto de amigos de Miguel entre los que estaban Luis Terán, Mike Breceda, Carlos Landeros y Michael Schuessler. A David Alejandro Boyás Gómez, reportero cultural de Siempre, le tocó en suerte uno de los tres ejemplares del libro México se escribe con J que la astrónoma Fierro repartió entre el público.

Cumpleaños de Sergio Pitol

Aunque ahora se está celebrando el cumpleaños de Sergio Pitol en un festival internacional, su cumpleaños, si no recuerdo mal, es el 18 de marzo. En casa de Raúl Ortiz y Ortiz, traductor de Bajo el volcán, la novela ya clásica de Malcolm Lowry, vi una foto de la generación, creo que es la de 1950, donde aparecen el propio Raúl, Carlos Fuentes, Porfirio Muñoz Ledo, Mario Moya Palencia, Sergio Pitol y Luis Prieto. Este último duda que Pitol haya nacido en 1933. ¿Será que Sergio terminó la carrera de Leyes a los 17 años? ¿O estaban iniciando los estudios en 1950? ¿Por qué le pusieron a su revista Medio siglo?

En sus primeros cuentos, Pitol crea un espacio que se llama San Rafael y que al modo del futuro Macondo de García Márquez es donde ocurren sus ficciones. San Rafael asegura la crítica es Huatusco, como Macondo es Aracataca. Y como es, antes que ellos, Yoknapatawapha, de William Faulkner, que podríamos situar en el llamado profundo Sur. Los cuentos primeros de Sergio son excelentes y contados con misterio. Ya está ahí, el recurso que distinguiría a El desfile del amor, porque uno de sus narradores es desequilibrado y una de las narradoras es histérica o al menos amargada. Y los cuentos, magistralmente, están contados desde ese distorsionado punto de vista.

Como es sabido, Sergio Pitol vendió sus valiosos cuadros y con eso se compró un pasaje en un barco de carga que lo llevó a vivir fuera de México unos treinta años. Vivió en Moscú, en Beijing, en Varsovia, en Bristol y en París. Luego fue embajador en Hungría, donde su casa estaba por el Bastión de los Pescadores, y luego lo fue en Checoslovaquia. Por eso, es un acierto que sus relatos autobiográficos se titulen El arte de la fuga.

Los últimos serán los primeros

En su más reciente visita a Guerrero, Peña Nieto dijo lo siguiente: “como dice el dicho popular los últimos serán los primeros”. Lo que no está del todo mal, ya nos había advertido que el único libro que había leído era la Biblia, pero que no lo leyó completo, es obvio que estas palabras de Cristo no estaban en los capítulos que leyó.