VOLVER A EMPEZAR

 

Panistas secuestrando panistas

Manuel Espino

El PAN sigue envuelto en escándalos delictivos. El más reciente de la ya famosa corrupción azul lo protagoniza Marcelo de los Santos, exgobernador de San Luis Potosí, a quien se le ha comprobado un millonario desvío de recursos.

El potosino está inhabilitado para ocupar cargos públicos los próximos 20 años y ha sido multado por 7 mil 791 millones de pesos. De ese tamaño ha sido el atentado al erario cometido por el panista.

De los Santos Fraga se une así al selecto grupo de los gobernadores panistas señalados por corruptos, entre los cuales destacan Luis Armando Reynoso Femat (Aguascalientes), Juan Manuel Oliva, (Guanajuato) y Marco Adame (Morelos), entre muchos otros más.

Adame ha sido señalado por el actual gobierno morelense debido al desvío de 942 millones de pesos de recursos públicos. Reynoso Femat es investigado por comprar equipamiento hospitalario que jamás fue entregado y por algunas otras irregularidades; además se evidenció que su hijo mayor recibió depósitos bancarios por más de 58 millones de pesos durante los últimos años del sexenio que su padre gobernó Aguascalientes. A su vez, Oliva ha sido acusado por un fraude de más de mil millones de pesos.

Es tal la descomposición que se ha dado entre panistas que de las reglas del juego político se ha pasado a la criminalidad: un grupo de personas secuestró al actual presidente del PAN municipal de Guaymas, el profesor Omar Núñez, para extorsionarlo y quitarle dinero, así como zanjar una disputa política con su antecesor, Francisco López Lucero, presunto autor intelectual del ilícito. Panistas secuestrando panistas, ése es el nuevo panorama.

Acciones así han hecho que el otrora partido que podía acusar a otros de corruptos y era considerado el más honesto, hoy es el más incongruente por su doble moral. Ése es el claro resultado de las reglas no escritas que impuso el calderonismo; el imperio del “haiga sido como haiga sido” pesó tanto que hoy vemos a un PAN con tan escasos militantes que se ha llegado a cuestionar su legalidad como partido.

Su dirigencia sigue haciéndose de la vista gorda y ha postergado el cambio radical que demandan las circunstancias. El propio Gustavo Madero no ha estado exento de ser vinculado con personajes de giros oscuros. La cúpula panista está más preocupada en ganar escaramuzas electorales y legislativas que en combatir el cáncer que amenaza la vida de ese partido: esa corrupción tan grande y evidente como la Estela de Luz.

La impunidad sigue siendo caldo de cultivo para las actividades ilegales de miembros de la clase política. Así lo evidencian las denuncias que presentamos desde el movimiento nacional Volver a Empezar: a pesar de aportar pruebas a las autoridades demostrando el enriquecimiento ilícito de Miguel Ángel Yunes Linares y Antonio Gali Fayad, la autoridad ha dado carpetazo a sus casos.

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