Alejandro Alvarado
A Héctor Anaya le preocupa el deterioro actual del idioma. Independientemente de la alta cultura, pues interesarnos por cuidar nuestro vocabulario sería una mínima cultura que deberíamos tener. Todos estamos obligados a entender bien las palabras, no inventarles significados que no les pertenecen y defender nuestro idioma por el conocimiento, no por el avasallamiento, que es lo que piensa que muchas veces ocurre. En esta entrevista el escritor, cuyos dos últimos libros son El arte de insultar y Cuentos para no dormir (relatados por mi abuela desalmada), ambos editados por Promociones y proyectos culturales XXI, nos habla de esta preocupación y de lo importante que es que las personas sepan expresarse.
—De pronto escucho que algún reportero de radio habla tranquilamente de las instancias, creyendo que instancia quiere decir oficina, porque nunca han ido al diccionario a averiguar que instancia viene del verbo instar y significa, simplemente, insistencia; pero también que por ahí el ex presidente Zedillo, más o menos lo fecho con él, puso de moda por una ignorancia, desde luego, que la palabra reclamo correspondería al verbo reclamar. Hablaba del reclamo a los indígenas, a propósito de la insurrección de los neozapatistas. No, reclamo, si van al diccionario se darán cuenta que significa el cortejo de los animales, las voces de ese cortejo, los instrumentos que se usan para cazar a los animales; pero no tiene nada que ver con reclamación ni creo que los indígenas querían hacerle el amor al señor Zedillo ni a ningún otro gobernante. Cuando reclaman es otra cosa: les reprochan, les exigen algo.
En los periódicos leemos también con frecuencia cosas lamentables, de las que tampoco se dan cuenta los editores o no sé quienes no perciben que, por ejemplo, pronunciamiento no es equivalente a declaración o manifiesto; pronunciamiento, y lo pueden ver en el diccionario, no estoy inventándolo, significa simplemente levantamiento armado. A veces he visto cosas tan aberrantes, como se indicó en una plana completa de un periódico: “Pronunciamiento de la Presidencia”; es decir, como si fuese un autogolpe, porque si pronunciamiento es levantamiento armado, ¿la misma Presidencia se levanta contra ella?, pues no. Todas esas cosas que antes hacían las delicias de Nikito Nipongo, no hay quien corrija ahora esos errores, y tampoco tenemos la posibilidad, como alguna vez se tuvo, de una revista como Tiempo, que don Martín Luis Guzmán cuidadosamente revisaba y contaba con excelentes correctores que nos permitían leer en castellano. Ahora vemos cómo se deteriora el idioma y a mucha gente se le olvida que lo primero que hace un conquistador es acabar con el idioma particular y poner el suyo, que es la mejor manera de conseguirse la servidumbre de esa comunidad.
Héctor Anaya, quien no sólo ha trabajado en prensa escrita, sino en radio, en cine y en empresas culturales, opina que la televisión ha ido degenerando cada vez más.
—Alguna vez dijeron que la televisión era la caja idiota. A mí me correspondió trabajar en algunos programas y se podía objetar que no eran idiotas los programas en que participé, eran más culturales, pero ésos han desaparecido totalmente. No hay nada que se parezca a lo que yo hice por ejemplo en Para gente grande o En Vivo, ni lo que hacía Octavio Paz, con todo y la pedantería que pudo haber habido, con sus Conversaciones, o lo que llegó a hacer Álvaro Mutis y el Bachiller Gálvez (como lo bautizó Emilio Azcárraga Vidaurreta a Álvaro Gálvez y Fuentes) en otros programas de Televisa. Creo que TV Azteca jamás se significó. Cuando pertenecía al gobierno tenía programas culturales pero en cuanto se comercializó la televisión ya no los hizo. La importancia de la televisión es mucha, pero yo creo que no solamente son los medios electrónicos, la responsabilidad de los medios impresos (que cuentan además secciones culturales) es igualmente importante, o es peor, porque mucha gente supone que una sección cultural estaría bien escrita y hay ocasiones en que no está bien escrita tampoco.
—Usted que imparte cursos de lectura, de comprensión de los clásicos, ¿cuál cree que es la importancia de la alta cultura en los seres humanos?
—No me parece que esto sea una expresión de la alta cultura, sí conocer la gramática, conocer los instrumentos de que se puede valer el escritor ya pertenece a otro nivel cultural. En principio, lo que yo quiero es que la gente aprenda a escribir, y en la medida en que escriba literariamente, es decir, utilizando los recursos literarios va a tener una expresión no solamente eficaz, precisa, sino también bella. Y eso me parece que es de gran utilidad. Imparto el curso de redacción literaria y otros cursos que son de lectura de los clásicos (interesados sobre los cursos de Anaya pueden llamar al teléfono 5553-2525). Lamentablemente escucho con una inusitada frecuencia, inclusive entre gente de altos niveles académicos que pueden decir paladinamente como dice Cervantes en El Quijote: “Ladran Sancho, señal de que cabalgamos”. Cada vez que oigo eso reconozco que no han leído la obra. Tengo una versión digitalizada de El Quijote, nada más la mete uno a la computadora y busca la palabra ladrar y no encontrará en ninguno de los dos tomos que escribió Cervantes el verbo ladrar. Escucho que mucha gente que se dice culta repite esa oración y asegura que ésta es de Cervantes. Yo no puedo suponerle a los gobernantes esa cultura, pero se creería que están informados o que alguien les prepara sus discursos, pues lo repiten así como si hubieran leído El Quijote de pe a pa y le atribuyen, por ejemplo también, al pobre de Maquiavelo una expresión que tampoco figura ni en El Príncipe ni en ninguna otra de sus obras, que es: “El fin justifica los medios”. Todo mundo se cree culto porque dice eso, o bien informado, cuando describe que hay escenas dantescas. El ataque a las Torres Gemelas escuché que decían los comentaristas: “es un espectáculo dantesco”. Pues cuál, Dante no conoció los rascacielos ni los aviones, además en la obra La Divina Comedia hay una parte que ocurre en el Infierno, otra es en el purgatorio, otra más en el paraíso y una última en el empidio ya, en las cercanías con Dios, según la obra de Dante. A qué escenas dantescas se refieren, ¿las del Infierno? Están equivocados. Lean la obra completa. Lo que procuro con estos cursos es que la gente tenga, por lo menos, una idea mucho más clara de esos autores clásicos y ayudarles a entenderlos, porque parto del supuesto de que sólo nos puede dar placer aquello que entendemos. El lema de estos cursos es: “Entender para que leer sea un placer”. Borges y Cortázar llegaron a decir que la lectura es una forma de la felicidad. ¿Cómo encontrar esa forma de la felicidad? Si para ti es torturante no entender algunas palabras, no entender algún contexto. Nadie puede alcanzar la felicidad por medio de la tortura, a menos que haya cierto masoquismo como el nuestro, por ejemplo, seguir eligiendo a gobernantes que ya sabemos que nos van a torturar, que nos van a afectar.
