El mundo moderno y el ritmo de la vida actual
Gabriel Gutiérrez
En los últimos años, las mujeres han ganado terreno con gran éxito en el ámbito profesional y personal. Sin embargo, la procuración de su salud visual sigue siendo una demanda insatisfecha, lo que las hace más vulnerables a presentar problemas oculares y visuales.
Datos de la Organización Mundial de la Salud, a través de la iniciativa global Visión 2020, indican que la población femenina es más sensible a padecer discapacidad visual y ceguera en comparación a los hombres. Así, de los 39 millones de ciegos que existen en el mundo, 6 de cada 10 son mujeres de países con ingresos bajos y medios.
Esto en realidad no debería estar ocurriendo, porque hasta el 80 por ciento de los casos pueden ser prevenibles o tratables si las personas visitan al oftalmólogo u optometrista al menos una vez por año. Además de llevar a cabo una dieta balanceada, ejercitar su cuerpo y cuidar sus ojos de los peligrosos rayos ultravioleta presentes en ambientes externos sean días soleados o nublados.
Entre las principales causas que hacen que en las mujeres se incrementen los casos de debilidad visual y ceguera en comparación a los hombres están los factores de género, medioambientales, sociales y culturales, tales como mayor longevidad, propensión a males visuales en diferentes etapas de la vida, menor acceso a servicios de salud y falsas creencias al momento de utilizar anteojos de prescripción.
Gracias a la esperanza de vida en la mujer actual se incrementan las posibilidades de padecer enfermedades como glaucoma, degeneración macular asociada a la edad, retinopatía diabética y catarata, siendo esta última el primer motivo de ceguera a nivel mundial. Mientras que la miopía, hipermetropía y astigmatismo (errores refractivos) pueden suscitarse en el embarazo y lactancia por retención de líquidos afectando las condiciones normales de visión. Incluso, los cambios hormonales en la menopausia elevan el riesgo de sufrir síndrome del ojo seco.
El mundo moderno y el ritmo de vida de la mujer contemporánea igualmente disminuyen su capacidad visual. La contaminación ambiental, exposición a rayos ultravioleta, trabajo frente a la computadora, cambios de iluminación y tabaquismo son algunos riesgos que pueden causar estrés ocular, fatiga visual, daños en la retina y córnea, señaló Roberto Tapia, coordinador de Educación de Transitions Optical Latinoamérica.
“Muchas de ellas —expuso— hacen una gran labor como madres, esposas y profesionistas, pero pocas veces atienden su salud integral y sobre todo la visual, por lo que es lamentable verlas llegar al consultorio del oftalmólogo u optometrista cuando ya es demasiado tarde y requieren otro tipo de intervenciones como cirugía de cataratas o trasplante de córnea”.
Comentó que una encuesta de Transitions Optical en mujeres de 25 a 50 años de edad en las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey reveló que aunque 73 por ciento de ellas les fueron prescritos anteojos para mejorar su agudeza, 4 de cada 10 no los usa y 53 por ciento de las encuestadas acudió con un profesional de la salud visual hace ya más de 1 año.
Sostuvo que de los casos de mujeres que sí utilizan lentes, el 96 por ciento es para corregir una mala visión y el resto sólo los usa como un accesorio de moda. Mientras que tres de cada 10 mujeres que necesita anteojos dijeron no usarlos debido a una inadecuada graduación y al elevado costo de los mismos. Asimismo, 18 por ciento de ellas comentó que no se ponen gafas porque no les gustan, 10 por ciento porque sienten que a pesar de la recomendación dicen ver bien, ocho por ciento los evita por temor a las burlas, 1 por ciento porque no desea que otros sepan que tiene algún problema visual y más del 30 por ciento expresó que tienen la sensación de no verse bien con ellos puestos.
“Estos datos revelan que el cuidado de la salud visual es tan vital como la cuestión de estética”, apuntó el también miembro del Colegio de Optometristas del Distrito Federal, y muestra de ello es que la primera encuesta sobre salud visual en la mujer también expone que el 54 por ciento de quienes usan lentes graduados difícilmente los porta en los momentos más importantes de su vida, prefiriendo sacrificar su visión, como su primera comunión, graduación, boda o bautizo de su bebé.
