Eve Gil

La novela Algún día nos lo contaremos todo (Salamandra, Madrid, 2013) marca el debut de Daniela Krien, prometedora escritora nacida en la antigua República Democrática Alemania, en 1975. No se trata sólo de una intensa historia de amor: es una de las pocas novelas, traducidas al español, que nos llega desde aquella región cuyos habitantes, particularmente los de la generación de esta autora, testigos presenciales de la caída del Muro de Berlín, tienen muchas historias que contar.
Maria, la inolvidable protagonista, cuenta diecisiete años en el decisivo 1990, año en que inicia el doloroso proceso de reunificación de las dos Alemanias. No podemos decir que fue “testigo” de la caída del Muro de Berlín pues, al igual que los demás miembros de la familia con la que vive, se ha enterado de este suceso a través de la televisión, y a simple vista no ha provocado mayor impacto en ella, demasiado ocupada leyendo Los hermanos Karamazov y tratando de acoplarse al ajetreo familiar en la casa de su novio, Johaness, con quien recién se ha mudado. Algún día nos lo contaremos todo captura el repentino protagonismo de los habitantes de aquella frontera infranqueable, granjeros en su mayoría, y que en cierto modo, y por encima de la adquisición de una libertad inesperada, experimentan una sensación de desvalimiento y desnudez, particularmente cuando se atreven a incursionar en el mundo que les era vedado y se enfrentan —sin exagerar— con lo desconocido, así como con la compasión y el desprecio en las miradas de los habitantes “del otro lado”, “(…) Ese país reducido, rodeado de un muro, era como una jaula con un animal salvaje encerrado” (p. 112).
Para una adolescente como Maria, esta circunstancia política debe haber resultado casi traumática, máxime si tomamos en cuenta que, al margen de los conflictos propios de su edad, inicia una vida en común con su novio y aprende a ser “mujer”, en un sentido anacrónico, es decir, se adapta a la cocina, los animales y el negocio de la familia. Deja de asistir momentáneamente al Instituto por no poder abandonar la lectura de la apasionante novela de Dostoyevski, y es durante esas vacaciones, elegidas por ella misma —su novio continúa asistiendo— que Maria tiene su primer contacto con uno de los vecinos sobre los que más se comenta en la mesa: Henner, un misterioso granjero de cuarenta años, que acude regularmente a surtir la despensa en la tienda de los padres de Johannes, con una vida demasiado trágica a cuestas y que, tiene en común con Maria, ser un lector voraz. Y al parecer no es común en aquella región ser asiduo a la lectura porque Henner escucha hablar de “la otra” que también devora libros. Cuando se encuentran por primera vez, algo inevitable, están enterados de la rareza compartida, experimentan curiosidad el uno por la otra… pero ni siquiera ellos imaginarían que el deseo se impondría por encima de la más elemental sensatez.
El hecho de que nadie imaginaría que una casi niña como Maria se sometería a la lujuria de Henner, y que, lascivo y todo, Henner nunca se aprovecharía de una adolescente que, por si fuera poco, vive bajo el mismo techo de su novio, hijo de viejos conocidos suyos, contribuye a que esta peculiar relación, mezcla de sexo y tertulia literaria, se prolongue, sin tropiezo significativo. Finalmente, en ese pueblo donde no sucedía nada, todos están demasiado entretenidos con lo que parece ser una nueva vida, como para detenerse a ver a los demás, y en especial a una niña excéntrica como Maria y un viejo gruñón como Henner. Todo eso sin contar que Johaness se ha aficionado a la fotografía y está absorto capturando aquel nuevo mundo y trajinando en su improvisado cuarto de revelado. El único que sí tiene espacio para suspicacias, es Alfred, el tío de Johannes, a quien no le ha pasado inadvertido el extraño proceder de Maria.
Algún día nos lo contaremos todo es una novela breve, poética y también política, aunque Daniela Krien posee el instinto para integrar este último elemento a la atmósfera onírica de la narración que, supongo, reproduce de algún modo el estado de ánimo de aquellos alemanes secuestrados por la Rusia comunista, tras la derrota de su ejército durante la Segunda Guerra Mundial. Pasado y presente se dan la mano, hacen el amor, representados por los amantes de la historia: Maria es la última generación que vivió bajo el yugo soviético, mientras que Henner es heredero, de algún modo, de la tragedia sufrida por su madre, violada tumultuariamente por militares rusos durante la ocupación. Una pequeña obra maestra que nos deja aguardando con impaciencia más noticias de su autora, Daniela Krien.