Lenia Rosas
Alice Munro (1931) nació en Wingham, Ontario, y asistió a la Universidad de Western Ontario. Por razones económicas tuvo que dejar la universidad tras sólo dos años de estudio. Poco después se casó con James Munro, quien había estudiado en la misma universidad, y se dedicó a las tareas del hogar y al cuidado de sus hijas. Sin embargo, a pesar de sus responsabilidades familiares y domésticas, siempre encontró el tiempo para escribir.
Así, Munro cultivó su talento y su genio con constancia y esto le permitió publicar catorce colecciones de cuentos, entre las que destacan: Dance of the Happy Shades (1968) con la que ganó el Governor General’s Award, Lives of Girls and Women (1971) que la hizo acreedora al Canadian Booksellers Award y Hateship, Friendship, Courtship, Loveship, Marriage http://www.google.com.mx/url?q=http://www.amazon.es/Hateship-Friendship-Courtship-Loveship-Marriage/dp/0375727434&sa=U&ei=hF5vUu_GMsa42wXjoYHICA&ved=0CBwQFjAA&usg=AFQjCNFYdtPMKjrtgyTXm2h_mwWP2H2piA (2001) que ha sido catalogada por críticos del New York Times Book Review como una de las mejores colecciones de la autora. Asimismo, este año ganó el Premio Nobel de Literatura, el cual no sólo coronó su larga y brillante trayectoria, sino también simboliza un reconocimiento para la narrativa corta y para la literatura canadiense.
Sus experiencias como mujer canadiense y su casi exclusiva producción de relatos cortos hacen a su literatura diferente de la norma en lengua inglesa donde tienden a predominar los novelistas varones de ascendencia inglesa o norteamericana. Sumado a lo anterior, la producción literaria de Munro sobresale también por interrogar las características mismas que la podrían definir al mezclar la espontaneidad con una obsesión por el detalle, la consciencia de la escritura como artificio lingüístico con una incertidumbre en relación con los límites del lenguaje mismo y un gran poder de análisis psicológico con una imposibilidad de generalizar o predecir la subjetividad humana.
A continuación, y a raíz de lo anterior, ilustraré cómo la narrativa de Munro entreteje todo ello. Para esto me enfocaré más específicamente en tres elementos que caracterizan su narrativa: los cambios en el tiempo y el espacio, la metanarrativa y la subjetividad de sus narradores y personajes. Los cambios de espacio y tiempo son consecuencia de cómo la autora concibe al cuento. En Alice Munro. Selected Stories, la autora expresa que para ella el cuento no es un ejercicio lingüístico lineal y cronológico, con un principio y final bien marcados como si fuera un camino, sino que se asemeja más a una casa que puede ser habitada y recorrida de formas distintas. El que Munro perciba al cuento de esta manera significa que para ella lo más interesante son las distintas visiones y perspectivas que pueden existir de una determinada situación o vivencia y la trama pasa a ser secundaria.
“Family Furnishings” (2001), por ejemplo, explora el cambio de impresiones que la narradora tiene respecto a una anécdota familiar. En su versión, su padre y su tía Alfrida, aparentemente dos niños, juegan cuando escuchan unas campanadas que dan fin a la Primera eGuerra Mundial. No obstante, esta percepción cambia cuando la narradora nos remonta al funeral de su padre y relata la aparición de la hija ilegítima de su tía Alfrida, quien expresa una versión distinta de la misma historia y que apunta a que que la tía y el padre, más que comportarse como niños, lo hacían como pareja. El sugerir la importancia de la anécdota desde el principio pero transformarla sobre la marcha hacen a la narración más desafiante, pues el lector tiene que ordenar los eventos cronológicamente dentro de su cabeza.
A su vez, la metanarrativa alimenta una segunda contradicción dentro de los textos munrovianos: la conciencia que tienen estos textos de sí mismos de ser artificios lingüísticos, así como sus preocupaciones en relación con sus propios límites. Para ejemplificar esta contradicción, utilizaré el epílogo de la novela Lives of Girls and Women (1971) titulado “The Photographer”. No obstante, primero definiré a la metanarrativa como un tipo de literatura autoconsciente de su calidad como artificio y que cuestiona la relación entre realidad y ficción; es decir, una literatura que revela, directa o indirectamente ante el lector, su condición como producto lingüístico.
En “The Photographer”, la narradora, Del Jordan, indirectamente alude a la artificialidad del relato que la contiene al expresar su vocación por la escritura y la forma en que ella elige sobre quién escribir, su peculiar atracción por las circunstancias que le parecen extraordinarias y los cambios que ella le hace a los personajes. Al hablar sobre cómo ella construye su propia novela, Del Jordan indirectamente alude a la artificialidad del propio relato que la contiene, pues toca temas que atañen a todo escrito-incluyendo el propio cuento de Munro. Del Jordan no sólo se muestra autoconsciente de la artificialidad de todo escrito, sino también de su incertidumbre en cuanto a los verdaderos límites del lenguaje, la realidad y la ficción dado que, al ser el lenguaje subjetivo, tanto la realidad como la ficción también lo son.
Cómo se mencionó arriba, la metanarrativa vuelve los relatos de Munro autoconscientes, pero también titubeantes respecto a los verdaderos límites del lenguaje. Del mismo modo, el gran poder de análisis psicológico que tienen sus narradores se liga, paradójicamente, a la imposibilidad de todo texto para predecir o generalizar en torno a la experiencia humana. Para ilustrar este aspecto me referiré al cuento “Dance of the Happy Shades” (1968) de la colección publicada bajo el mismo nombre. Lo que aparentemente es un relato sobre el aburrimiento aunado a algunos acontecimientos sociales a los que las personas asistimos por compromiso, en este caso un recital de piano organizado por una maestra anticuada y unos alumnos mediocres, se convierte en una exploración más profunda de lo impredecible de la psicología humana y sus múltiples formas de operar.
El cuento presta particular atención a la revelación que tiene la narradora cuando ella regresa junto con su madre del aburrido recital de piano y explica que ni ella ni su madre podían sentir conmiseración hacia Miss Marsalles, la organizadora del concierto, ya que una de las melodías que se habían tocado durante el recital les permitió entrever el universo infinitamente rico al que tenía acceso la maestra, lo cual reposiciona todo el sentir de la situación.
La narrativa de Munro es pues novedosa y desafiante a muchos niveles. No sólo son los cambios en espacio y tiempo, la metanarrativa y su gran análisis psicológico lo que enriquece su producción literaria sino su pasión por explorar una y otra vez, y siempre con asombro e inteligencia, el mundo cotidiano que la rodea.
