LOGOS
Enfermedad de la mentira
Marco Antonio Aguilar Cortés
El tiempo que vivimos está enfermo de mentiras, y la atmósfera social creada por nosotros mismos se ha contaminado de manera severa.
Nunca un verbo se ha podido conjugar tan fácilmente en las tres personas de singular y en las tres de plural. Yo miento, tú mientes, él miente, nosotros mentimos, vosotros mentís, ellos mienten.
Lo malo es que no repudiamos la mentira ni castigamos al embustero, sino, por el contrario, estimulamos la falacia y premiamos al engañador.
A finales de 2012, el Banco de México aseguró que para 2013 la economía mexicana crecería por arriba del 4%. Su gobernador indicó que ésta no era una postura optimista, sino realista.
Durante el mes de agosto del año que transcurre el propio gobernador de ese banco central reconoció que aquel pronóstico no fue real, y que ese crecimiento económico sería “entre el 2 y 3%”.
Días después la Secretaría de Hacienda y Crédito Público de nuestro país, ante ese anuncio de baja en el crecimiento económico, replicó, indignada, que al final de este año estaríamos creciendo al 3.1%.
Hoy, a la mitad de noviembre de 2013 se anuncia por las mismas autoridades que el crecimiento del país será en este año del 1% y, ante esto, suponemos que nos siguen mintiendo, con palabras falsas y presentando como ciertas las que al final resultan realidades inexistentes.
Gente preparada en las finanzas, en la economía, en los ingresos y egresos no puede ni debe equivocarse de tamaña forma; empero, si se falló, lo correcto es que explique lógicamente los motivos del desacierto, y si éste es grave, por dignidad se renuncia.
A ese mismo tipo de discurso mendaz corresponde, al parecer, lo manifestado recientemente por las mismas autoridades hacendarias y destacados integrantes de la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión: “El Presupuesto de Egresos 2014 impulsará el crecimiento, el empleo y el desarrollo social”. ¿Y si no fuese así?
La palabra, en esos casos, adultera la realidad, y por eso mismo es deshonesta. La población estima la verdad y reprueba a la mentira; de aquí la desconfianza en muchos de los actuales políticos de nuestro país.
Desde luego que con nuestra expresión, oral o escrita, podemos equivocarnos, pero en el error no hay mala fe y, por ello, estaremos dispuestos a corregir de inmediato el equívoco, y a solicitar con humildad disculpas.
El problema está en la perversidad de quienes son conscientes de su engañar, y con su decir deshonesto realizan actos de corrupción de diversas índoles.
Nos es urgente emprender una campaña permanente y eficaz, amplia y a fondo, para establecer, o restablecer en su caso, la cultura de la honestidad, la veracidad, la legalidad; promoverla ante todos los humanos que se encuentren a nuestro derredor. ¡He aquí la tarea!
