A contracorriente
El futuro es de la CNTE
René Avilés Fabila
Cuando Elba Esther Gordillo fue detenida y encarcelada, muchos mostraron su escepticismo y la certeza de que era un juego político. A estas alturas ya deben estar seguros de que la dirigente del SNTE no saldrá fácilmente, de nada le sirvió su poder y su dinero. Todo se derrumbó ante el peso del Estado a quien la mujer todo se lo debía. Cada nueva fotografía suya aparecida en los medios la muestra tras las rejas, con el rostro sombrío. No es víctima de la política sino de los abusos y excesos que se permitió. Nada parecía satisfacerla: el control de un sindicato, el dinero a raudales, las muchas propiedades, un partido político para sus fines electorales, la corrupción, el nepotismo, su relación cercana con los hombres y mujeres del poder. Ante ella sucumbieron personajes. Supo utilizar su fuerza económica y política para ayudar o desprestigiar. Abusó. Y algo peor, se sintió intocable. Pues ya lleva varios meses en la cárcel y la siguen muy de cerca por defraudación fiscal.
Suponiendo que sale en libertad en un año o dos, quizá menos, no volverá a tener el poder que tuvo y así será porque el poderío se lo dio quien se lo ha quitado: el Estado.
Sin embargo, el gobierno de Peña Nieto cometió una omisión: no tuvo la visión suficiente para ver quién y cómo ocuparía su lugar en el sindicato más grande del país. A cambio, la CNTE, un modesto grupo que apenas contaba ante la Gordillo, hoy se ha adueñado de muchas posiciones y hasta tiene al DF en jaque, acosado.
Y temblando ante sus permanentes movilizaciones. ¿Cómo van a contrarrestar a un movimiento que ha crecido enormemente ante el desconcierto y la torpeza de los gobiernos federal y local? Si con talento y habilidad el gobierno de Peña Nieto hubiera visto el vacío de poder, hoy ella estaría donde merece, en prisión, y un sindicato igualmente sólido le haría frente a las hordas magisteriales principalmente de Oaxaca.
Es evidente que ese descuido les está resultando fatal. El malestar de los miembros de la CNTE le ha sido contagiado a otros sindicatos, a organizaciones laborales, a jóvenes; le ha sido útil a Morena, a los maestros de todo el país que saben que su situación laboral es endeble. Para colmo, Peña Nieto tiene un aliado poco eficaz en Miguel Ángel Mancera, quien sale constantemente de viaje a presumir logros ajenos y no cesa en sus intentos de ser un campeón de la frivolidad. Su pretexto ante la violencia de la CNTE en la capital es pueril: “No reprimiré”, lo que nadie le pide, le demandan que utilice la ley, es todo y muy simple.
Elba Esther Gordillo nada puede contra sus antiguos rivales, quienes ahora la desprecian y tampoco la miran o escuchan. Sus objetivos son más altos, están en la lucha política para conseguir lo que todos los líderes sociales anhelan: dinero y cargos. Son profesionales de larga trayectoria, especialistas en desórdenes, y si consideramos que tanto el DF como el gobierno federal no se caracterizan por saber gobernar con tino, pues el futuro es de la CNTE.
El gobierno no se equivocó al encarcelar a la Gordillo, falló al considerar los resultados. No son los mejores. Y algo peor: difíciles de enmendar.
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