REFLEXIONES CONSTITUCIONALES
Se tiene que retomar el camino de la historia
Alfredo Ríos Camarena
El movimiento social de 1910-1917 no fue una simple asonada ni un golpe de Estado; se trató de una de las primeras revoluciones del siglo XX con profundo contenido social y político.
Su primera fase, en realidad, se trató de un proceso en la búsqueda de la no reelección y, por lo tanto, fue solamente un movimiento político democrático, cuyo objetivo era la salida del dictador Porfirio Díaz que se había eternizado en el poder; sin embargo, tras el proditorio asesinato del presidente Madero y el vicepresidente Pino Suárez, explotó la inquietud producida por la desigualdad y los modos cuasi feudales de producción. Fue pues una revolución agrarista y campesina en la lucha por la tierra que diferentes líderes plantearon, como Francisco Villa, Emiliano Zapata y hasta el propio Venustiano Carranza, a través de la promulgación de la ley preconstitucional de 1915, surgida de la imaginación del intelectual carrancista Luis Cabrera.
La lucha de las facciones que produjo cientos de miles de muertos no se debió sólo a la conquista del poder, existió un contenido ideológico que es el que le da razón de ser a este magnífico movimiento; finalmente, se plasman sus principios doctrinarios y revolucionarios en la insigne labor del Constituyente de 1916-17.
Los objetivos fueron claros: repartición de la tierra; derechos y garantías sociales a los trabajadores, por primera vez en la historia de las constituciones del mundo; política soberana e independiente; federalismo y clara separación de la Iglesia y el Estado en consonancia con los liberales del siglo XIX, que crearon la Constitución de 1857.
No hay duda, la nación avanzó, mantuvo el control de los energéticos y estableció políticas económicas de apoyo a la producción agropecuaria; no sólo se crearon escuelas, hospitales, carreteras, seguridad social, sino que se impulsó un modelo de nación con carácter nacionalista y redistributiva.
Los indicadores económicos avanzaron sensiblemente; el crecimiento y el desarrollo reflejaban tasas superiores al seis por ciento, el país recobró la calma, y ni la economía ni la seguridad fueron problemas graves. A pesar de esto, creció la corrupción y se empezaron a formar grupos que apoderados de la riqueza nacional, construyeron una nueva burguesía que empezó a crear la desigualdad social. A pesar de esto, el control político del partido surgido de la Revolución permitió el progreso, el avance de la educación pública y la cultura nacional se fincó en un perfil de nación propio que irrumpió en el mundo del siglo XX con grandes éxitos en la pintura, la cinematografía, la gastronomía, la literatura; la formación de cuadros intelectuales impulsó su proyecto en la educación superior a través de la Universidad Nacional Autónoma de México, del Instituto Politécnico Nacional y de muchos otros centros de cultura superior; la producción agrícola permitió la autosuficiencia alimentaria, y a pesar del cáncer corruptor, se desarrollaron instituciones como Conasupo, Fertilizantes de México. la Productora Nacional de Semillas, los bancos agrarios y agrícolas, los fideicomisos de desarrollo y otras más que permitieron que la vida nacional avanzara en paz y con ciertos elementos de justicia social, así como los sindicatos tuvieron un carácter de impulsor productivo nacional.
A partir de hace poco más de treinta años, el modelo empezó a desquebrajarse por las influencias externas producidas por las políticas económicas del llamado neoliberalismo global; el Estado fue perdiendo sus capacidades de conducción y se desmantelaron muchas de aquellas instituciones que fueron pilares para acelerar el proceso del modelo nacional.
La Revolución históricamente constituye uno de los avances más importantes del pueblo de México, y su contenido jurídico, a pesar de todas las contrarreformas, sigue siendo la última ventana hacia el futuro.
Estos treinta años han ido cambiando las cosas; se nos ha olvidado la historia nacional y nuestra cultura ha sufrido graves mermas. Poco a poco la desilusión y la desesperanza han ido cambiando el panorama de la nación; la riqueza se ha concentrado en unas cuantas manos y la pobreza, la ignorancia y la enfermedad han cubierto con un manto vergonzoso a los más de cien millones de mexicanos; la inseguridad se convirtió en un cáncer brutal donde el Estado y el gobierno han demostrado su incapacidad absoluta para controlarlo; la corrupción se expandió a límites insospechados, y la concentración de la riqueza es vergonzosa. Hoy más de la mitad de los mexicanos están en pobreza y del once al trece por ciento padecen pobreza alimentaria que no es otra cosa que carencia de todo, hasta de alimentación.
Quizá por esto, el gobierno, en principio, decidió suspender el desfile deportivo del 20 de noviembre y las ceremonias alusivas, aun cuando finalmente el presidente enmendó la plana y se celebró una breve ceremonia en la que participaron los 3 poderes que reconocieron este hecho histórico; sin embargo, fue precipitado pues incluso la Cámara que organiza las aerolíneas protestó porque apenas se les avisó que en unas horas el espacio aéreo no podía ser ocupado, lo cual provocó un caos entre viajeros que entraban y salían.
Qué buen recuerdo vigoroso, a pesar de que se declaró que esta ceremonia ni siquiera se había considerado.
A un año del inicio del gobierno de Peña Nieto, se tiene que retomar el camino de la historia; parece ser que el presidente lo entiende, pero no así muchos de sus principales colaboradores, por eso, esta ceremonia fue breve y prácticamente improvisada.
