Ricardo Muñoz Munguía
La memoria enmarca aquellas cosas o situaciones que, en la mayoría de las veces, no son decididas por quien las recuerda. Así con los versos de Claudia Hernández de Valle-Arizpe, quien estructura escenarios que son de luz, gesticulaciones de algún sitio, memoria irrenunciable de clara autenticidad sin importar adentrarse en algún conjunto de poemas, es la voz de la memoria que deja su halo a lo largo de las páginas. Dice en el poema “Sin biografía”: Sé que solo puedo contar mi historia/ pero me obstino en la biografía de los árboles./ Qué sucedería si olvidara, de memoria,/ todo el pasado y no pudiera verme/ en la euforia de este minuto,/ en su fasto amarillo/ que me celebra./ Seguiría quedando/ mi rostro/ y en sus caminos y surcos,/ reconocible para los otros,/ una biografía incierta”. Por otro lado, Hernández de Valle-Arizpe realza los sentidos con la voz poética, apunta sobre el cuerpo, sobre las sensaciones, sobre objetos o lugares que marca un universo. En “Josaphat” vuelve a señalar hacia lo seres que eternamente de pie se asoman a la pluma de esta autora: “Los árboles gesticulan/ su radiografía como un rayo,/ sus ramas como un cadáver./ Junto al agua/ los frutales registran la espera/ donde todo flota en suspenso”.
La poeta dibuja con su labor gesticulaciones de lo que la rodea, con su quehacer creativo concilia la complejidad de lo diverso de un tema, lo que se vuelve un estilo en ella.
Lejos, de muy cerca es un interesante volumen por su valor exacto con las palabras exactas y por varias metáforas con buenos alcances, en las que no se abusa. Claudia Hernández de Valle Arizpe expone ideas que son una constante galería de imágenes que atrapa para llevarlas al papel, imágenes que la inquietan y que consigue inquietar al que recorre sus versos con plena atención. Una presencia innegable que puede verse, o sentirse, de lejos, y de muy cerca.
Claudia Hernández de Valle-Arizpe, Lejos, de muy cerca. Parentalia, México, 2012.
