CIENCIA
Nuestra hora final podría aplazarse
René Anaya
Los primeros descubrimientos de la ingeniería genética, a fines del siglo pasado, parecían indicar que nuestros comportamientos y enfermedades estaban de antemano escritos en el ADN de los genes que nuestros padres nos habían heredado.
Por lo tanto poco podría hacerse para modificar el destino, a no ser que se cambiaran los genes. Pero otras investigaciones han comenzado a demostrar que los genes no son destino, que se puede contribuir a prevenir la aparición de ciertos padecimientos y hasta que existe la posibilidad de alargar la vida.
Gen y figura no perdura
En esas circunstancias, algunos investigadores se dieron a la tarea de perfeccionar las técnicas de trasplante de genes, en tanto que otros continuaron sus investigaciones sobre las funciones y comportamiento de los genes, lo que llevó al surgimiento de otra disciplina, la epigenética, la cual establece que existen varios factores que pueden afectar a uno o varios genes, como el ambiente físico, el social y el cultural.
De esta manera se ha podido explicar la razón por la que gemelos con idénticos genes pueden tener diferentes enfermedades y comportamientos, ya que la forma en que se encienden o apagan sus genes puede estar determinada por sus respuestas a los factores ambientales.
En una forma parecida, el descubrimiento en la década de 1970 de la función de los telómeros como indicadores del número de divisiones de una célula hasta su muerte llevó a pensar que la longevidad también estaba programada desde el momento de la concepción del ser humano.
Ahora se sabe que los telómeros (del griego telos: final y meros: parte), colocados en el extremo de los cromosomas, pueden considerarse estructuras dinámicas que actúan como un reloj celular, que se acortan de forma natural al paso del tiempo pues, cada vez que una célula se divide, una porción del telómero no se replica, hasta que la pérdida del telómero marca la muerte celular. Pero —otra vez— la longitud del telómero se puede modificar por factores externos.
Lamentablemente la longitud de los telómeros se puede acortar, lo que podría equivaler a una reducción de la vida, pero también se puede alargar, con el consecuente aumento de la probabilidad de vivir más tiempo. Un estudio de investigadores de la Universidad de Harvard ha señalado que la depresión, los traumatismos físicos y psíquicos, como el estrés, y la obesidad, entre otros factores, pueden acortar la longitud de los telómeros.
Modificando la hora fatídica
Si eso podría considerarse hasta cierto punto lógico y natural, lo relevante es que al parecer se puede alargar la longitud de los telómeros, de tal manera que la hora final podría aplazarse, según las conclusiones de un estudio de cinco años, recientemente publicado en la revista The Lancet Oncology.
Dean Ornish, profesor clínico de Medicina de la Universidad de California en San Francisco y fundador y presidente del Instituto de Investigación de Medicina Preventiva, dirigió un estudio en 35 enfermos de cáncer de próstata localizado, en fase inicial, a quienes siguió durante cinco años.
Los pacientes fueron divididos en dos grupos, uno de 10 personas y otro de 25, al principio y al final del estudio se les practicó un examen de sus telómeros. A los primeros se les pidió quecambiaran su estilo de vida, que incluyó una dieta rica en frutas, verduras y cereales no refinados y baja en grasas y carbohidratos refinados; ejercicio moderado como caminar 30 minutos al día por seis días a la semana; reducción del estrés por la práctica de yoga basada en estiramientos, respiración y meditación; y participación en un grupo de apoyo semanal. Los otros 25 pacientes siguieron su vida normal.
Los diez que cambiaron su estilo de vida tuvieron un aumento significativo de la longitud de los telómeros, en aproximadamente diez por ciento; mientras que los otros 25 tuvieron una reducción de tres por ciento de la longitud. “Estos hallazgos indican que los telómeros pueden prolongarse, en la medida en que la gente cambia la forma en la que vive. La investigación indica que los telómeros más largos se asocian con menos enfermedades y una vida más larga”, refirió el investigador.
Sin embargo, Joseph Lee, genetista humano y profesor asociado de epidemiología clínica de la Escuela Mailman de Salud Pública de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York, ha planteado: “Hay que ser cauto respecto a qué tan efectivos serán los cambios en el estilo de vida en una población general de gran tamaño, donde quizás el nivel de motivación no sea tan alto”.
Además, aunque el estudio fue de una duración considerable, se trata de una muestra reducida, que no es representativa de la población. Aun así, la investigación parece corroborar que los factores sociales, ambientales y culturales sí pueden influir en los genes.
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