LITURGIA

 

Muertos del crimen organizado

Teodoro Barajas Rodríguez

La celebración del Día de Muertos en Michoacán es una manifestación de raíces hondas, derivación de usos y costumbres purépechas conjugados con los símbolos religiosos; es una muestra de identidad preservada aún pese a los embates del consumismo atroz que nos propone el Halloween como producto acabado de una furiosa globalización que amenaza mutilar los mosaicos primigenios de los pueblos.

Este año percibí que hubo más impulso para propagar y preservar este patrimonio intangible que tenemos en Michoacán. El culto a la vida es también el culto a la muerte, refirió Octavio Paz, lo cierto es que la invocación fúnebre es recordatorio de todo el caudal criminal que se almacena en nuestro país en los últimos años, ello no significa fiesta, no pueden ser causa de jolgorio los miles de homicidios perpetrados por la mafia.

Los difuntos en un país como el nuestro se multiplican, la crisis de seguridad que amenaza una precaria gobernabilidad es de efectos devastadores, nunca entendí la táctica y estrategia del gobierno calderonista, tampoco veo mayor diferencia con la administración actual que encabeza el presidente Enrique Peña Nieto, los saldos continúan de color rojo.

Sería conveniente pensar en refundar nuestro país, aunque un gran porcentaje de nuestra clase política seguro no lo entendería, máxime que los desacuerdos se constituyen en lo que caracteriza la devaluada oligarquía gobernante. Parece que el fracaso es el destino que buscan, el disenso la vía.

Muertos, impunidad, inframundo, tales son las premisas que cabalgan por los cuatro puntos cardinales, la seguridad continúa pendiente en perjuicio de tantos que son víctimas de esta hora aciaga carente de civilidad, ausente de autoridad.

Lo que alguna vez refirió Octavio Paz en torno a la muerte para señalar que el mexicano tiene tanto miedo como los habitantes de otros países, pero que no se esconde, la contempla cara a cara con paciencia, desdén o ironía, tal vez ya no tenga lugar en este nuevo estado de cosas, o tal vez sí, no lo sé. Nuestra realidad es pasmosa.

Somos un pueblo único, abigarrado entre las costumbres ancestrales que no dejan de hacer un guiño a la modernidad, pueblo que mezcla lo alegre, bullanguero, con la estoica melancolía pintada en bronce. El ciclo de vida y muerte está latente como un rasgo inherente a la cultura forjada entre los pueblos raíz con la importación simbólica proveniente de Europa.

Los altares a los muertos se han incrementado, esa guerra tan cuestionada en el sexenio anterior no tiene tregua, continúa con su afilada garra sin conjurarse las amenazas. Por un lado tenemos las celebraciones nuestras, por otro lado el luto incrementado, tan es así que si por cada muerto se levantara un crespón negro, todo el país quedaría bajo sombra.

En fin, pasó el día de los difuntos del 2 de noviembre aunque todos los días se enciende otra vela, la de la esperanza que también es vigente, es el México real.