Claudio R. Delgado
El pasado 4 de noviembre de 2013, el Senado de la República entregó, como lo ha venido haciendo desde hace ya cerca de 60 años, la presea que lleva el nombre de uno de los mártires de la Revolución Mexicana, Don Belisario Domínguez. Prócer chiapaneco que tomó posesión como Senador de la República el 5 de marzo de 1913, y quien se opusiera de manera determinante al golpista, Victoriano Huerta, en su discurso contra el informe de labores dado por éste el 16 de septiembre de aquel funesto año.
Al no permitírsele leer su discurso en tribuna, Belisario Domínguez hizo varias copias de su manuscrito y las repartió entre los escaños de sus compañeros senadores. Siete meses después, el siete de octubre de 1913, como consecuencia de su oposición al régimen huertista, el insigne legislador fue arrestado y encontrado muerto el mes de agosto de 1914 en una fosa clandestina.
Por sus méritos de patriotismo democrático y en favor de la República, la presea Belisario Domínguez, fue instituida en honor del chiapaneco en 1954, y ha sido entregada a personajes ilustres de excepción, cuya actividad pública los ha distinguido por su servicio y entrega a la Patria, sin embargo, en los últimos años, este notorio reconocimiento ha sido disminuido a las vulgares cuotas de poder político por los mismos senadores de la República, quienes ahora la designan según la fuerza representativa que cada una de las tres principales fracciones parlamentarias mantiene en la Cámara alta. Es decir, por cuotas de poder.
Por ello, ahora cada año, tanto el PRI, como el PAN y el PRD, se rotan la designación de la medalla, según sus propios intereses y tendencias políticas para elegir a uno de sus correligionarios políticos “con altos méritos en favor de la Nación” (el entrecomillado es mío) y que aunque en el fondo los méritos del designado no sean en realidad dignos de un alto reconocimiento, a pesar de ello, es “distinguido” con la Medalla Belisario Domínguez.
Así, la Condecoración le ha sido entregada a Miguel Ángel Granados Chapa, a Luis H. Álvarez y Fidel Velázquez, entre otros personajes que de alguna manera han mantenidos ligas políticas o afinidades ideológicas con dichos partidos; nombres que sin duda tienen o representan un vínculo de interés con las tres principales fuerzas de nuestro país.
Tal situación, para mi gusto, demerita el propósito por el cual fue creada la entrega de la Medalla Belisario Domínguez, pues se ha convertido, más que en un reconocimiento de alto valor y merito público, en una cuota de poder legislativo anquilosado, convenenciero y partidista que demerita y pone por los suelos, incluso, los postulados expuestos por Don Belisario en su discurso de 1913.
Y juzgue usted mismo amigo lector si no, pues antes de que los “distinguidos” senadores se pusieran de acuerdo para entregar este año la Medalla a Don Manuel Gómez Morín, se barajaron varios nombres, entre ellos el del ex candidato a la presidencia de la Republica, Manuel J. Clouthier, pero según crónicas periodísticas, los propios panista (calderonianas y maderistas) no lograban ponerse de acuerdo, pues la línea dada por el ex presidente de la República, Felipe Calderón, a sus incondicionales (entre ellos el joven senador, Roberto Gil Zuarth, miembro de la Comisión Belisario Domínguez) era la de rechazar a toda costa la postulación de Maquío, debido a la incapacidad del ex mandatario panista para olvidar el “agravio” hecho por Manuel Clouthier Carrillo, cuando éste fue diputado federal en la LXI legislatura.
Por ello el único consenso alcanzado y como una tabla de salvación para salir del atolladero, los senadores panistas de Madero y Calderón, aceptaron que fuera entregada la Medalla Belisario Domínguez a Don Manuel Gómez Morín, uno de los Siete Sabios y fundador de Acción Nacional.
Gómez Morín es sin duda un personaje con altos méritos en la vida y desarrollo de la nación mexicana. Fue Don Manuel, miembro de la generación de Los Siete Sabios, o de la también llamada Generación de 1915. Mote impuesto por los mismos estudiantes de aquella época, en referencia a Los Siete Sabios de Grecia.
El grupo estaba integrado por estudiantes de Derecho, de la antigua Facultad Nacional de Jurisprudencia ubicada en las calles de San Idelfonso y Guatemala, en el antiguo barrio universitario de la ciudad de México. Los siete integrantes se reunieron primordialmente para fundar, la llamada Sociedad de Conferencias y Conciertos, con el fin de propagar la cultura entre los estudiantes de la Universidad Nacional.
Sus integrantes fueron Alfonso Caso, Antonio Castro Leal, Manuel Gómez Morín, Vicente Lombardo Toledano, Jesús Moreno Baca, Teófilo Olea y Alberto Vázquez del Mercado. Todos ellos, sin duda, personajes destacados de nuestra historia y con altos méritos intelectuales.
De entre ellos, destacan Gómez Morín y Lombardo Toledano, por su militancia política. El primero fundador del Partido Acción Nacional, el cual fue creado con una tendencia moderada y abierto al progreso y a la transformación social. El segundo, fundador del Partido Popular de tendencia netamente de izquierda.
Don Manuel Gómez Morín, no fue presidente de la Republica, pero al igual que Don Jaime Torres Bodet (también recipiendario de la Medalla Belisario Domínguez en 1971), creó instituciones nacionales que le han dado a nuestro país las bases para un desarrollo más armónico y plural en su desarrollo social.
Ha sido Gómez Morín, un personaje que entre la gran mayoría de los mexicanos, es desconocido y sólo relacionado con la fundación de Acción Nacional, sin embrago, me parece necesario replantear la importancia y los aportes de Gómez Morín como un estadista de la República que con su labor, contribuyó no sólo a la democratización del país al crear el PAN (el cual ha traicionado desde hace décadas los postulados de Gómez Morín), sino que fue más allá al luchar por la libertad de catedra en nuestra muy querida Universidad Nacional, de la cual también fue Rector y catedrático de Derecho Público; participó en la creación del Banco de México, en la creación del Seguro Social, en la creación de Banobras, etc.
Fue Don Manuel, un personaje que dejó huella y que es propicio revalorar y volver a conocer para entender sus aportaciones a nuestro país, no solamente como el creador de Acción Nacional, sino como un hombre de su tiempo, interesado y preocupado por el desarrollo de nuestro país y por sus instituciones.
Es muy cierto que el PAN tuvo este año una complicación interna para ponerse de acuerdo entre ello y poder designar de manera oportuna y puntual al ganador de la presea, sin embargo, vale la pena señalar que a pesar de todo, se le otorgo a un personaje con verdaderos méritos y acciones en favor de la Patria. No porque los legisladores, así lo hubieran deseado desde el principio, sino gracias a la falta de acuerdos entre (principalmente) los senadores panistas.
En una de las últimas entrevistas concedidas a la prensa, Gómez Morín, señaló:
“México necesita una Revolución real, estructural, que no sea solamente cambio de grupos de personas. No hablo de lucha armada, porque no creo en ella. En el fondo de todo, lo imprescindible es un cambio de actitud, un paso hacia la autenticidad, hacia la sinceridad. Esto implica una profunda cuestión de orden moral, perdida de en medio de una larga, muy larga simulación”.
Simulación que sigue incluso presente en el actuar legislativo de este nuevo siglo XXI, para otorgar una condecoración post mortem como la Medalla Belisario Domínguez,a un verdadero personaje que trabajó y luchó por el bien de la Patria, por el bien de la nación Mexicana.
Desafortunadamente los senadores volvieron una vez más a recurrir de nueva cuenta a eso que Gómez Morín condenaba, la “larga simulación” de nuestro sistema político mexicano.
