GARBANZOS DE A LIBRO

 

Cees Nooteboom

Marco Aurelio Carballo

La principal divisa del escritor de libros de viajes, el holandés Cees Nooteboom, es: “Me interesa la vida, sorprenderme con ella, y ésta no se da en medio de las grandes cantidades. Nace sola. Hay que estar atento para verla brotar. Cees Nooteboom es un hombre acostumbrado a usar las manos no solo para la escritura”, informa Juan Cruz en la revista El País Semanal.

Viaja mucho, pero sí reconoce dónde está su tierra y sabe detenerse en ella cuando le hace falta. Su antigua casa está en Amsterdam, Holanda, es su suelo, y un rincón en Menorca, España, el refugio que eligió para hacer pausas en su vida de nómada observador.

En casa no sólo están sus libros, su equipaje para andar por el mundo, también están sus plantas y sus animales y su huerta. Agrega que no es sólo un entretenimiento, es una necesidad que colma el lado más visible de su presencia: es un agricultor y sabe de lo que habla cuando toca una hoja. A unos metros de la casa que habita se hizo construir un estudio en el que oficia como poeta que nunca se cansa de mover sus materiales, como si estuviera cavando.

Delante de sus ojos tiene los libros, la computadora, la imaginación y el recuerdo, pues mucho de lo que escribe tiene que ver con la memoria.

Acerca de las ventanas, que son muy estrechas, Nooteboom dijo que así las puso el arquitecto para que no se distrajera. Desde hace años para ahí y desde ahí viaja, vuelve a su país, Holanda, a su casa viejísima de Amsterdam, o se va por esos mundos. Sus libros ilustran su afán por no quedarse quieto desde la isla canaria de la Palma, en España, hasta los confines de Asia.

Y cuando mira no se detiene en las urbes o en los monumentos, sino que se encuentra adrede con aquello en que nadie se fija. “Me interesa la vida, sorprenderme con ella”. Acerca de su casa en Amsterdam dijo: “No necesito estar ahí, basta con saber que la tengo. Está llena de todos mis libros y de todos los objetos que he ido coleccionando. Pero de vez en cuando estoy aquí o en cualquier otro sitio y me digo: falta la casa”.

“La esencia de mi nomadismo es que tengo una casa a la que vuelvo. Para mí sería una catástrofe perder el lugar. Yo me mudo, pero la casa sigue”. Acerca del futuro, dijo: “Como mi mente está clara, a los ochenta años de edad, voy a continuar hasta que me de el palo” (sic)