Hatuey Viveros, director

Gabriela Cerna

La Ciudad de México tiene personajes increíbles, algunos impensables, pero también tiene aquellos que de primera vista pueden hacer notar que no sobrevivirán a la urbe más grande del mundo. En la capital mexicana, como en cualquier otro sitio, la circunstancia hace al ladrón o al abusador pero qué sucede con las personas que pecan de evidente inocencia, pues parece que el camino hacia la lista de ser víctimas se avecina en el filme que dirige Hatuey Viveros. Sin embargo, aunque el panorama del inicio de esta reseña sea el del caos, la historia que se plantea en Mi universo en minúsculas (México, 2011) da un giro por completo. Aina (Aída Folch), una joven catalana, viaja a la Ciudad de México en busca de su padre, al que no recuerda, del que no sabe nada, sólo tiene entre su guía de mapas una fotografía donde ella, de tres años de edad, aparece frente a la casa donde vivió, con él, quizá muy poco antes de regresar a España. Por eso no conoce nada de México, no guarda ningún recuerdo, sólo el afán de encontrarse con su padre.

Mencioné que la película de Viveros vaticina un drama del que —para quienes conocemos la Ciudad de México— la protagonista tendrá un universo complicado, por decir lo menos. Mas el giro de la historia hace ver a la joven enfermera (menciona que es su profesión en su país) encuentre el mejor lado de esta ciudad: una mesera (Diana Bracho) que habrá de involucrarse en lo que sucede con Aina que le ofrecerá su casa, y más aun cuando se entera que a la joven le robaron su mochila y que ha quedado prácticamente en la calle. Ellas dos tienen una vecina, una mujer mayor, con la que harán un trío de abrigo, distracción y encanto. Un papá soltero se unirá al buen trato que recibe la enfermera aquí.

Mi universo en minúsculas puede llegar a pecar de exagerada inocencia: la protagonista sale de su país en busca de su padre sólo con la foto y con una dirección ¡incompleta!: en el DF, la calle y el número; peor aún, la calle se llama “Juárez”, la más repetida de todas. Lo que no sé si cuando sucede todo esto, quizá por el 2005, no se podía buscar por Internet la dirección.