CIENCIA

“Osteoporosis marina” en moluscos y corales

René Anaya


Así como en la década de 1980 la acidez de los lagos suecos, causada por la lluvia ácida, llevó a sus gobernantes a implantar medidas drásticas para restablecer el equilibrio ecológico en sus cuerpos de agua; ahora la población mundial deberá emprender acciones enérgicas para contrarrestar una amenaza mayor, que actualmente ha pasado inadvertida: la acidificación de los mares.

Aunque el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) se ha ocupado del problema, en realidad se ha otorgado más importancia a las cantidades de gases de efecto invernadero que se emiten a la atmósfera y a las medidas para reducirlas, que al aumento de la acidez de los océanos.

Una contaminación silenciosa

A mediados de este mes, científicos del Programa Internacional Geosfera-Biosfera advirtieron que —de continuar o aumentar el ritmo de contaminación actual— el agua del mar será tan ácida a finales de este siglo que la tercera parte de las especies marinas se extinguirán.

El planteamiento puede parecer alarmista, pero lamentablemente se apega a la realidad, según las proyecciones que han hecho otros grupos de científicos sobre la acidificación del agua de mar en las últimas décadas, causado por el aumento de contaminación.

“Hay 30 por ciento más de acidez que hace 150 años y todo porque los océanos absorben el dióxido de carbono (CO2) que se produce con la quema de combustibles fósiles en la Tierra”, han señalado investigadores como la ecóloga marina estadounidense Jane Lubchenco, quien fue directora de la Agencia para la Atmósfera y el Océano de Estados Unidos (NOAA, por sus siglas en inglés).

Por su parte, el Centro Noruego para la Investigación Internacional del Clima y del Medio Ambiente refirió en un estudio reciente que encontró tasas significativas de acidificación en varios lugares del Ártico, entre otras razones porque el CO2 se disuelve mucho más rápido en agua fría.

Otras investigaciones han ido más allá de las últimas centurias, como la del equipo dirigido por la paleoceanógrafa Babel Honisch, del Observatorio Terrestre Lamont-Doherty, de la Universidad de Columbia, en la ciudad de Nueva York, la cual ha confirmado que la actual acidificación de los océanos es más rápida que la de los últimos 300 millones de años.

Se ha encontrado que desde el inicio de la Revolución Industrial (hacia la segunda mitad del siglo XVIII), el acelerado aumento de actividades producidas por el hombre ha provocado un aumento del CO2 en el aire, que ha causado un descenso del pH del mar de 0.1 unidades.

Una reacción en cadena… alimentaria

Estos datos llevan a concluir que ha habido una velocidad de acidificación diez veces mayor que la registrada hace 56 millones de años, durante el calentamiento global extremo, conocido como el Máximo Térmico del Paleoceno-Eoceno. En eso coincide el IPCC, que ha predicho que el pH disminuirá otras 0.2 unidades a fines del siglo, lo que lleva a considerar que se podría presentar un nuevo Máximo Térmico, como el del Paleoceno-Eoceno.

Este proceso de acidificación comienza con el aumento de concentraciones de CO2 en la atmósfera. Los océanos absorben este gas como si fueran una esponja, pero el gas se transforma con el agua salada del mar, se produce una reacción química que forma ácido carbónico (H2CO3). Como la absorción de CO2 es muy rápida, los procesos naturales del océano no pueden neutralizarlo, se produce la reacción química y se acidifican los mares.

Esa acidificación causa modificaciones en la vida marina. El exoesqueleto de moluscos como almejas y caracoles, así como el esqueleto de los corales están hechos de una sustancia base (contraria al ácido), el carbonato de calcio. Como el ácido carbónico reduce la disposición del carbonato de calcio, esos moluscos y corales sufren alteraciones en la composición de sus conchas y esqueletos, ya que se vuelven más frágiles y débiles. Este proceso lo ha llamado muy ilustrativamente Jane Lubchenco: osteoporosis marina.

Según los expertos, en 2018 la décima parte del Océano Ártico será corrosivo, en 2050 la mitad de su extensión será corrosivo y en 2100 todo el océano será un mar de corrosión. En estas circunstancias, habrán disminuido o desaparecido por completo los moluscos, lo cual llevará a graves modificaciones en la cadena alimentaria.

El problema no se circunscribirá a las zonas más frías, en los mares del Reino Unido, Francia y Países Bajos ha declinado el ritmo de crecimiento de las almejas. “Los corales que están cerca del Ecuador también están mostrando signos de deterioro a raíz de la acidez, para 2060 el impacto será dramático”, ha advertido Jean-Pierre Gattuso, del Centro Francés de Investigación Científica.

Por lo tanto, es recomendable que todos los países, pero en especial los costeros y pesqueros tomen medidas drásticas para evitar que la fauna marina se reduzca, pues de lo contrario se romperá el débil equilibrio ecológico de los mares.

reneanaya2000@gmail.com