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El primero de Peña Nieto

Alejandro Zapata Perogordo

Ha transcurrido uno de los seis años que le corresponden a la administración de Peña Nieto en la Presidencia de la República, tiempo suficiente para hacer un recuento en relación con el rumbo que lleva el país.

Al inicio, se mandó una señal positiva por parte de la clase política, el sexenio comenzó con la suscripción del Pacto por México, se ponía sobre la mesa el diálogo, la agenda y el entendimiento; sin embargo, no todo ha sido así. Desde el inicio, el gran dilema ha sido: el costo o el beneficio, y ¿para quién?, punto que acarrea hasta la fecha enormes discusiones, grandes descalificaciones y motivo de profundas discordias, dependiendo del momento y del cristal con que se mire.

Una cosa es cierta, nadie ha objetado los temas de la agenda establecida en el propio documento, por el contrario, hubo quienes afirmaron que faltaban algunos y propusieron la inclusión de rubros adicionales, lo que indica que las desavenencias se renten a la forma y no al fondo.

A prácticamente un año de distancia, debe decirse que su recorrido no ha sido sencillo, particularmente para los partidos de oposición, el PAN y el PRD, comandados por Gustavo Madero y Jesus Zambrano, respectivamente. Desde que lo suscribieron han sido severamente cuestionados por legisladores de sus grupos parlamentarios a quienes irritó la forma de aceptar los compromisos, se sintieron desplazados y bajo una línea previa, que no estaban en condiciones de aceptar.

No obstante, a regañadientes pero con sentido de responsabilidad, trabajaron en  una añeja y tradicional bandera de Acción Nacional, la reforma educativa, y después la de telecomunicaciones.

No ha faltado el anecdotario, desde la declaración de bienes del presidente Peña, hasta la célebre frase de: “no te preocupes, Rosario”. Además hubo casos que impactaron: la detención de la maestra Elba Esther Gordillo y la libertad sumamente cuestionada de la francesa Florence Cassez, en menor medida la del capo Caro Quintero.

La reforma fiscal, convertida en regresiva miscelánea, dejó sabor amargo; junto con la caída de la economía y los subejercicios presupuestales han dejado un aroma de desconfianza.

Los procesos electorales no se quedaron atrás, las triquiñuelas de los gobernadores los colocó como los principales impulsores de la reforma electoral.

En materia de seguridad pública, siguen las ejecuciones, los secuestros, robos, violencia y desapariciones, en algunas regiones el clima adverso se observa bajo condiciones críticas y sin visos de solución.

Las protestas no se han hecho esperar, parecería que las cosas están agarradas con alfileres, lo importante es no quitarlos.

El 2013 es un año de cimentación, con avances legislativos, ahora falta su aplicación, que ése es otro cantar. Mientras tanto, muchos mexicanos simplemente estamos a la expectativa, como observadores esperando que éstos se conviertan en beneficios para los mexicanos, pues si no se hace con oportunidad, lo que traerán serán costos.