La forma en que sentimos el paso de las horas
René Anaya
Al final del año, algunas personas, entre brindis y buenos deseos, se asombran de lo rápido que transcurrieron los meses; otras personas, en cambio, se alegran por terminar un año que consideran fue fructífero y les alcanzó para realizar numerosas actividades.
Se trata de la manera individual en que se percibe el tiempo, que está muy relacionado con la edad, pero sobre todo con las actividades que se desarrollan, los nuevos proyectos que se emprenden y las experiencias diferentes que se viven, según señalan científicos que investigan cómo pasa el tiempo.
Los tiempos de la vida
Este año, por ejemplo, podrá pasar a la historia como uno de los más largos para los mexicanos, porque se vivieron reformas políticas que transformarán el país, no necesariamente para bien. Lo relevante es que estos doce meses estuvieron llenos de gran efervescencia, con promesas de políticos, protestas sociales y parálisis económica que generó desempleo. Para quienes consideran favorables esos acontecimientos les parecerá que el tiempo pasó volando; entre tanto, a quienes les parece que las reformas deformarán nuestra situación política, económica y social, el tiempo pasó con gran lentitud pues habrá el recuerdo de algo desagradable.
Ese caudal de acontecimientos de 2013 ilustra lo que neurocientíficos y psicólogos han descubierto sobre la forma en que sentimos el paso de las horas; por ejemplo, la cita con la persona amada o la participación en una fiesta dan la sensación de que las horas pasan lentamente, tan es así que impregnan al cerebro de buenos recuerdos. Por supuesto que al término de la cita o de la fiesta se dirá que el tiempo se fue muy deprisa, pero ese ya es un juicio en retrospectiva, pues esos momentos fueron tan agradables que se olvidó el paso de los minutos y las horas.
Al contrario, si se tiene una cita con alguien no grato o se acude a una reunión por compromiso, esa situación parecerá eterna, se estará viendo el reloj a cada momento y se esperará con ansiedad el final de la reunión o de la cita.
“Cuando se está en una situación en el que el tiempo pasa lento se siente esa lentitud, mientras que cuando se está en una situación en que el tiempo pasa rápido ese momento no se siente, sino que se infiere más tarde”, ha considerado John Wearden, de la Universidad de Keele, de Reino Unido, psicólogo cognitivo que lleva más de treinta años investigando la percepción del tiempo.
Ciertas alteraciones también modifican nuestra percepción del tiempo. Los niños con el síndrome de Tourette (caracterizado por numerosos tics) estiman mejor los intervalos de poco más de un segundo; en quienes sufren el trastorno por déficit de atención e hiperactividad el tiempo transcurre muy lentamente; la fiebre, por su parte, produce que el reloj interno se acelere, si una persona con fiebre cuenta hasta 60 lo hará más rápidamente que otra con temperatura normal.
El tiempo en la infancia y la vejez
Esas diferencias en la percepción del tiempo se hacen más evidentes en los extremos de la vida. Para un niño los días que pasan del Año Nuevo al Día de Reyes transcurren lentamente; en cambio para una persona mayor probablemente los días se irán con rapidez, inclusive podrá decir: “tan rápida pasó la primera semana del año”.
Una hipótesis, muy aceptada, que explica estas diferencias en la percepción del tiempo señala que en la niñez y en la juventud se recibe mucha información por todos los sentidos y se tienen numerosas experiencias nuevas que preparan al individuo a su autonomía y autosuficiencia, por lo que el paso del tiempo parece más lento.
En cambio en la edad adulta y en la vejez, muchas personas caen en una rutina laboral, familiar y social, sin nuevos acontecimientos ni experiencias, que se incrementa cuando llega la jubilación, pues sin más objetivos en su vida se puede caer en una exasperante monotonía. Por esa razón, es muy frecuente que los ancianos consulten incesantemente el reloj para ver cómo pasa el tiempo por sus vidas, porque —paradójicamente— los días transcurren lentamente pero los meses y los años se van rápido.
Claro que no es una regla que las personas mayores sientan que el tiempo pasa muy rápido. En la medida en que se continúe con una vida social o se fijen nuevas metas e intereses en la jubilación, se tendrán nuevas y mejores actividades que emprender para evitar convertirse en convidados de piedra de la vida. Así, los meses y los años no pasarán rápidamente, en tanto que los días sí lo harán, porque estarán colmados de experiencias y hechos significativos.
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