A CONTRACORRIENTE

 

Se requiere pluralidad con alto nivel educativo

René Avilés Fabila

La aprobación de la llamada reforma energética es para muchos un avance, para otros un retroceso. Si observamos las modificaciones con cuidado, podemos llegar a la conclusión de que nadie quedó plenamente satisfecho. Esto es normal en los temas espinosos y donde hay, como en México una parte ruidosa de la oposición. Por principio vale la pena señalar que en los mismos críticos y opositores, está el triunfo del PRI. Para las modificaciones de orden político, tuvo el apoyo del PRD, mientras que para las relacionadas con el petróleo contó abiertamente con el PAN. Colocado en el centro, el PRI consigue sus objetivos enfrentando a los extremos de la política mexicana. Al final, el presidente Peña Nieto ha resultado dos veces vencedor. Propone medidas que parecieran desmesuradas  y acto seguido las ajusta a las necesidades y demandas de los rivales de derecha o de izquierda. De tal manera, avanza en sus propósitos.

Pero si la derecha es menos aguerrida después de perder estrepitosamente las elecciones cayendo hasta el tercer lugar en un país donde con rigor sólo existen tres partidos, la llamada izquierda ve cómo desaparece su capital político herencia de dos caudillos aún vigentes: Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López Obrador. A lo largo del debate sobre la reforma energética, los perredistas y sus hermanos de Morena sólo consiguieron degradar el nivel del debate. Si en el pasado tuvimos grandes parlamentarios que lograron hazañas históricas, ahora únicamente vemos diputados desnudos y legisladoras que tiran golpes y mentadas de madre. Con esta “técnica” para polemizar, sin argumentos contundentes, razones históricas y adecuada retórica, el PRI consiguió lo que deseaba y quizás hasta algo más al provocar que la “izquierda” mostrara su verdadero nivel de peleador callejero.

Ello es una lástima porque permitieron que el centro-derecha impusiera parte importante del modelo que la globalización ha venido imponiendo por todo el planeta. Peña Nieto no es un estadista sino un político con grandes deficiencias, pero situado en un contexto patético, de legisladores y gobernadores, bien protegido por sus compañeros de partido, brilla en un país donde la oscuridad es mayor que la luminosidad.

¿Qué sigue? No mucho. El PRI ya aprendió a sobrevivir exitosamente recurriendo a los dos partidos rivales, según sus necesidades. Cuando no se apoya en uno, lo hace en el otro. Ambos lo aceptan porque es una manera cómoda de sobrevivir. Tanto el PAN como el PRD y Morena, tienden a disminuir sus fuerzas, no a acrecentarlas. De tal manera que impone con relativa facilidad su voluntad. Al mismo tiempo, hace que sus enemigos se vean huecos y excesivamente vulgares, políticamente pobres y sin la correcta argumentación en cada caso. De seguir así las cosas, el PRD y el PAN verán pésimos resultados para 2015. Ya los sombrerazos y los insultos, la toma de tribuna y los vaticinios oscuros, no funcionan. Hay nuevas formas para dar la lucha política que no sean los golpes y la salida escandalosa a las calles. Pero eso no lo vislumbra la oposición contra el PRI, siguen suponiendo que en las barricadas y en las ofensas están las claves de las victorias políticas. Y si no han podido vencer a Miguel Ángel Mancera con su decisión de aumentar los precios del Metro, mucho menos lo harán con el PRI. Es una lástima: México requiere de posturas políticas distintas, pero articuladas y de alta cultura. En síntesis, necesita, como todo país moderno, de pluralidad pero de gran nivel educativo.

 

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