REFLEXIONES CONSTITUCIONALES
Nelson Mandela
Alfredo Ríos Camarena
La historia de la humanidad ha tenido una constante trágica y malvada que ha sido la guerra, producto de problemas económicos, religiosos, sociales; las conflagraciones en todas las escalas posibles desde revueltas internas, hasta guerras mundiales, constituyen un oprobio, pues las terribles y dramáticas vivencias en cualquier época de la historia, sólo han producido desolación y muerte; sin embargo, no ha habido un periodo del acontecer del hombre, en el que no haya esa perversa constante.
En este escenario, aparecen seres extraordinarios que le dan una luz a la humanidad: Jesucristo, Gandhi y muchos más; en este tiempo contemporáneo, quien ha sido el más claro exponente de la tolerancia, del amor y de la terquedad ética, ha sido el prisionero 466/64, el perseguido por la cruel discriminación de los afrikáners, esos bárbaros aventureros que constituyeron el Estado más racista de la historia en Sudáfrica; 27 años permaneció el líder Mandela, Madiba, en la cárcel y luchó sin tener acceso a nadie; sólo con su pensamiento libertario y su capacidad, a pesar del tiempo transcurrido de convocar a sus connacionales en su épica lucha por la igualdad, finalmente, salió de la cárcel y continuó enarbolando la bandera de la libertad con tolerancia.
No convocó a una lucha armada, ni a la venganza, por el contrario, después de obtener el Premio Nobel de la Paz, fue electo presidente e integró su gabinete multirracial, inclusive, incorporó a tribus africanas que fueron sus opositores y a muchos de los colaboradores del régimen anterior. Así, dio una lección de comprensión y alcanzó a plenitud, los principios por los que luchó.
Hoy, a su funeral, asisten más de 90 jefes de Estado y de gobierno de todo el orbe, de todos los signos ideológicos, de todas las razas y de todas las tendencias. Ese es su legado, la posibilidad del entendimiento y de la tolerancia por encima del odio y la revancha. Su lección nos deja inspiración hacia el futuro y la convicción de que los seres humanos pueden ser mejores, a pesar de la opresión de la enorme desigualdad, que por cierto, sigue siendo definitiva en Sudáfrica; no obstante, se puede lograr ese anhelo de concordia y paz por el que él luchó.
Otra de sus grandes lecciones fue dejar el poder, pudiendo haberse perpetuado en él, optó, como pocos han hecho, por dejar transitar el camino de su pueblo, sin su preeminencia política, sólo quedó como la majestuosa presencia de un ser de grandeza inigualable. En sus exequias, pudieron darse la mano el presidente Barack Obama y Raúl Castro y obispos y prelados de todas las creencias le rindieron homenaje; en esta hora en que nos vuelve a asolar el fantasma de la guerra en África, en oriente incluso, en América Latina, su voz es de aquellas preclaras advertencias de que podemos alcanzar un destino mejor y más justo.
