POLÍTICAY GOBIERNO

Un ejemplo que México debe seguir

Para Gonzalo Martínez Corbalá.

 

 

Jorge Carrillo Olea

Elevado por la magia de la retórica y diluido por la ausencia, Chile se ubica en la razón y memoria de muy pocos mexicanos. Muy a tono con nuestra cultura, para muchísimos de los mexicanos, el mundo es Estados Unidos y de alguna manera Europa. América Latina es un vocablo geográfico, la cuenca anglofrancófona del Caribe, un punto en el espacio.

Así, la noción de cómo es el Chile se expresa en el romanticismo de los suspirantes de la utopía socialista de Allende y en otros tuertos, que ven en el post pinochetismo la necesaria cordura del momento. La cuestión que pretende ser una honesta apreciación sería contestar: ¿es el Chile de hoy un ejemplo para México? La respuesta contundente es sí.

Con muchos problemas a cuestas, muchos que son partes de un mundo globalizado y polarizado que no queremos aceptar, como el crecimiento polarizado de la pobreza y de la riqueza, de la mala educación y de la peor salubridad, de una oferta de empleo exigua, de desigualdad de género, principalmente en empleo y educación, y muchas cosas más.

El Chile de hoy es contundentemente demócrata. Muestras: 1. Está a la vista la reciente elección presidencial donde contendieron, ¡ojo!, dos mujeres. 2. Con derecho ciudadano los estudiantes se rebelan en las calles pidiendo ¡una mejor educación!  y que sea pública, porque Pinochet la privatizó. Arman el barullo propio de la juventud pero sin vandalismo.

3. En el Índice Global de Paz, que considera 22 indicadores, Chile se ubica en el lugar 30 en orden descendente, México en el 135. 4. Pese al neoliberalismo que han mantenido los gobiernos anteriores, costean bien sus programas sociales, gasta el 7.5% de su PIB en políticas de salud.

Enfrenta también —ya se dijo— problemas endémicos que parecen ser imparables: la pobreza que afecta al 14.5% de la población, en México es del 45%  y su tasa de desempleo es del 6.4 % mientras que en México —dicen los peñistas— es sólo del 5%. Claro, siempre descontamos del desempleo a los componentes de la economía informal.

Hoy lo importante es que Chile, con un ejemplo mundial de democracia, ha elegido en primera vuelta a una mujer, Michelle Bachelet como su próxima presidenta y lo será por segunda vez en diciembre. Como sociedad madura que es, ni le asustó el género femenino, ni la reelección ni la segunda vuelta.

Michelle Bachelet, de 63 años, doctora en medicina,  primero fue ministra de Salud y luego de Defensa. Antes había sido prisionera política, torturada y todo, como  debe ser. Su primera candidatura presidencial fue tolerada por Ricardo Lagos, otro gran presidente pero que impulsaba abierta y democráticamente, allá Íi se puede, a otra persona, Soledad Alvear.

Sirvió como una gran presidenta. Es voz pública que ella “representa al Chile de a pie; los sectores populares la ven como a una integrante de sus familias y los sectores medios como a una mujer sólida”.

Bachelet se impuso en las elecciones presidenciales del domingo 17 al obtener 46.68% de los votos, frente a Evelyn Matthei con 25.01 %,  pero ello obliga a ir a una segunda vuelta, prevista para el 15 de diciembre.

Los próximos dirigentes chilenos se comprometen a promover una Asamblea Constituyente para enterrar el sistema electoral bipartidista, huella del pinochetismo que impide mayorías claras en el Parlamento y dificulta la intervención de  partidos menores.

Como efecto de la recomposición a que lleva la segunda vuelta, eso no será fácil. Plantean educación gratuita y de calidad. Proponen bajar los sueldos de los parlamentarios, que rondan 17 mil dólares mensuales, 12 veces más que los ingresos del chileno promedio.

Quieren fiscalizar el uso de las asignaciones parlamentarias y transparentar las donaciones a partidos. Se anticipan mejoras culturales, una ley de cuotas de equidad de género, libertades para abortos  y los matrimonios entre el mismo género. No sería poco en un país tan conservador que apenas en 2004 legalizó el divorcio y prohíbe cualquier aborto, pero los verdaderos problemas no están allí.

Será el fin del ciclo neoliberal, la última herencia de la dictadura pinochetista. La sangre joven y contestataria de esta generación tuvo bastante éxito en sus manifestaciones en las calles de Santiago.

Una sociedad nacional crecientemente liberal en Chile es ejemplo de que en la cumbre de la democracia estaría siempre el político de excelencia o ésa no es la democracia que deseamos. Una inyección de ideas y eficacia que tanto falta en México. ¿Es Chile una pauta a seguir? Definitivamente sí.

 

 

hienca@prodigy.net.mx